Paganini se retorcía en el escenario como ninguno, pero no por que tuviera que moverse rápido debido a la complejidad de sus piezas, mas bien era reflejo de la excitación en su cuerpo al tocar.
Su cuerpo alto y desgarbado junto a su ropa desteñida atraía miradas burlescas acompañadas con actitud de desprecio, esto hasta que acariciaba las cuatro cuerdas con su arco y terminaba por enamorar hasta el mas exigente oído de quien lo escuchara.
Pero sus notas estaban contadas, una por una. Y la sombra demoniaca a su espalda era quien llevaba la cuenta mientras danzaba alegremente con él en el escenario, esperando el momento en que escasearan