Comenzaré este artículo escribiendo una confesión un tanto vergonzosa para mí: aún no sé que quiero hacer con mi vida. Si me hicieras la pregunta cliché de "¿Dónde te ves dentro de 10 años?" no sabría responder. La verdad es que no tengo mucha idea de a qué me quiero dedicar. Hay muchas cosas que me gustan y pocas que me desagraden, y así me encuentro ante un amplio espectro de posibilidades que me abruma. Me siento perdido, cosa que me enfada bastante porque me gustaría pensar que soy mejor, más maduro, más adulto, que las personas de mi edad. Y la realidad me abofetea al recordarme que comparto las mismas preocupaciones de la gente joven. Por otro lado, sí que me siento afortunado porque, aunque todavía no tengo clara una actividad específica con la que me gustaría ganarme la vida, creo tener al menos la certeza de algo en mi vida. Me gustaría dedicarme a alguna actividad artística —algo que me permita, por algún medio, expresarme de forma creativa.
Pero últimamente he tenido un pequeño problema con el arte. Verán, desde hace años tengo la fantasía de que, de alguna manera que obviamente aún no he descifrado, hago algo relevante para la sociedad, y mi feo nombre es recordado por décadas luego de mi muerte. Nada muy original, creo que es la fantasía de cualquier persona enamorada de la idea de crear. Y aunque veo cómo muchos artistas han logrado la meta, y se les recuerda siglos después de su fallecimiento por sus obras, no agregaron valor real a la sociedad. No contribuyeron de verdad al desarrollo.
Antes de que los artistas me caigan encima me explicaré un poco mejor. Hay muchos acontecimientos a los que se le puede atribuir el avance que ha vivido el mundo; por ejemplo, el descubrimiento de los antibióticos ha salvado millones de vidas, y la creación del internet cambió por completo la forma en que se percibía la comunicación. Pero todo de lo que puedo hablar que ha llevado a la humanidad al desarrollo es con relación a la ciencia o la tecnología. Gracias a Elon Musk y sus grandes esfuerzos, probablemente el humano llegue a Marte antes de mi muerte; sin embargo, ¿de qué forma Ridley Scott, al dirigir «The Martian» contribuyó a la llegada del humano a Marte? Su película no creó ningún avance en materia tecnológica o científica que acercara al humano a Marte. De esto proviene mi preocupación de acuerdo al arte. ¿Al decidir que quiero dedicar mi vida a la expresión artística, y no a la ciencia, estoy tirando a la basura la oportunidad de crear algo realmente significativo para la humanidad?
La duda me estaba matando, y sólo se ponía peor mientras más intentaba pensar en una respuesta por mi cuenta. Así que un día, mientras caminábamos por el Bulevar de Sabana Grande —el único sitio de Caracas por donde me gusta caminar— decidí no quedarme la duda para mí sólo, por lo que le comenté del tema a mi hermano . Su respuesta fue inmediata. «El arte nos inspira» me dijo, con la certeza que sólo alguien que lo ha pensado con detenimiento en el pasado puede tener. «El arte nos hace empatizar con las historias, y nos permite sentir emociones ajenas que no tendríamos de otra manera. Nos da la capacidad de vivir experiencias que no seríamos capaces de experimentar en el transcurso de una vida humana. Emociones tan complejas y tan fuertes que pueden cambiar las vidas de las personas».
Su lógica me pareció muy convincente, e hizo que todo esto del arte recobrara sentido para mí. A fin de cuentas, si cambiar la vida de las personas no es la forma de aportar valor a la sociedad, no sé qué lo sea. Gracias a esa pequeña conversación entendí que, si bien Elon Musk puede cambiar vidas llevando a la humanidad a Marte, «The Martian» lo puede hacer inspirando a la gente que quiera dedicarse al desarrollo de tecnología que nos lleve a Marte. Quizá quien termine colonizando Marte lo haga con un huerto de papas, por rendir tributo a la película que lo inspiró a hacerlo.
Pero esta idea también me pareció un tanto aterradora. Si la labor del artista es despertar la inspiración de su público, así como hacerlos sentir emociones ajenas y ayudarlos a entender el mundo desde otros ojos... el arista tiene un gran peso de responsabilidad sobre sus hombros. Y no sé si estoy preparado para asumir esa responsabilidad. ¿Y si no tengo nada para ofrecer a un público hambriento de sensaciones nuevas? O peor aún, ¿qué pasa si con mi arte propago ideas dañinas y acabo causando daño a la sociedad? ¿De verdad estoy tan seguro de mis propias creencias como para arriesgarme a pasarlas a público? No sé la respuesta a ninguna de estas preguntas. Sin embargo lo estoy haciendo de todos modos, ¿no? Estoy escribiendo para que ustedes lean, e indiscutiblemente estoy intentando transmitir mis ideas. El problema es que no lo puedo evitar, y sinceramente no me veo en un futuro haciendo algo que no implique alguna forma de expresión artística. Así que, para terminar, aprovecharé la oportunidad para disculparme por todas las imprudencias que cometa el Wilderman del futuro en sus intentos por ser "artista".