Historias de la calle. Historias de avenidas. Historias desconocidas. Historias jamás contadas.
Que sensación tan extraña la que viví ayer mientras regresaba a casa. En la unidad en la que viajaba la mayoría de los pasajeros eran mujeres, de todas las edades, de todo tipo, altas, bajas, flacas, gorditas y así. Unas viajaban solas y otras con su pequeño en brazos. Estás amamantando, otras hablando de la situación país mientras el resto dormía. No conozco su historia, pero pude ver en sus rostros algo que en otro momento no me habría puesto a detallar. El cansancio que transmitían, llego un momento que también lograron hacerme sentir cansada. Del trajín del día a día incluso cuando yo no tomo esa ruta muy seguido.
Me siento afortunada de solo viajar por placer y no por obligación o responsabilidad. No discrimino, ni señaló, ni juzgo a ninguna, pero sé que todas habrían peleado en el terminal por arrancar sentadas porque están cansada de caminar, mientras yo solo deseaba que no llegara unidad alguna para tener excusa y devolverme.
Cada cabeza un mundo y cada mundo es diferente, 35 personalidades, múltiples problemas, millones de tristezas. Mil y un dudas y nada que consiguen la respuesta.
Unas viajan a diario, otras no tan constantes, la mayoría como el pan de cada día.
Ayer presencié tanto agotamiento en la cara de muchas, que solo quise fotografiar algunas para nunca olvidar el rostro del tiempo que pasa y jamás se recupera. De las oportunidades no aprovechadas y de aquellas que pasaron desapercibidas.
Vivir y saberlo hacer, es vivir el doble. Porque mientras unos crían, otros crecen. Mientras unos duermen, otras dan de comer. Porque mientras unos viajan por placer, otros los hacen por necesidad. La otra cara de la ciudad se refleja en los ojos de quienes más que quejarse dan gracias por un nuevo día.
PD: Las fotos fueron hechas por mi persona, con un simple teléfono.