Veo al mundo y riego mi planta. La planta requiere agua moderada, sol moderado, y constancia.
Mi pequeña planta me regala flores, en el desayuno la pongo en la mesa, le he prometido cambiar su maceta, cuando compre otra, cuando tenga tiempo.
Afuera el sol, es un Dios para la planta, a miles de kilómetros, la alimenta, la hace crecer, y llena el cielo de azul, y ella crece en su adoración al sol, subiendo, creciendo, latiendo.
Afuera hay un mundo, con leyes, personas, perros, gatos, basureros, cables y antenas, ajeno a mi planta y a su riego.
Yo también vivo en mi ventana de tiempo, con Dios, riego y universos ajenos, con un azul que mis ojos no verán, y tal vez llenando de flores el desayuno de algún dios menor.