¡Estáte quieto y atiende!. ¡Nosé que hacer con este niño¡. ¡Por favor ,alguién que me ayudeeeee¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.
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¿Se ha sentido alguna vez así?.
Pudiera ser que el niño sufra del trastorno de hiperactividad y déficit de atención (THDA).
Una especialista en este trastorno, Priscilla L. Vail, comparó la mente de estos niños con un televisor con el seleccionador de canales defectuoso. Un pensamiento conduce a otro, sin orden definido.
Tres síntomas del THDA son los siguientes:
Falta de concentración: el niño (a) que padece este trastorno se distrae fácilmente con solo ver, oír u oler algo que lo ocupa ese momentos. Aunque sí presta atención, no hay nada en particular que despierte su interés. Se le hace difícil determinar en que debe concentrarse principalmente.
Comportamiento impulsivo: Actúa antes de pensar, no considerando las consecuencias. Por ejemplo: corre a la calle, sube las barandas y trepa los árboles, sin medir el peligro.
Hiperactividad: Se mueven continuamente, no se quedan sentados y quietos. Algo interesante es que, aunque se hagan mayores, se observa en ellos, algún tipo de movimiento continuo de piernas, pies, brazos, manos, labios o lengua.
¿Cuál es el origen del trastorno de hiperactividad y déficit de atención (THDA)?
Su origen radica, probablemente, en ciertas zonas del cerebro, en especial en una sustancia química del cerebro llamada dopamina, sobre todo en la regulación de esta sustancia y su relación con otras.
Los niños que padecen este trastorno son inteligentes, creativos y muy sensibles. Son niños sanos, pero con necesidades especiales.
En vista de todo lo dicho, es importante que como padres, maestros o simplemente como adultos, conozcamos aunque sea lo básico de este trastorno, ya que de esta manera estaremos capacitados al tratar y comprender a niños que padezcan este trastorno.
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