El tiempo pasó y mis manos se macharon a tal punto que no importaba cuantas veces las lavara en el río, el color carmesí seguía ahí, como si estuviera tatuado en mis manos... O mis ojos. La sensación de vacío creció a tal grado que era más grande que mis ganas de sobrevivir, y muchas veces apunte el cuchillo a mi pecho, pero no podía morir, él no lo permitía. Ahogándome en un profundo mar color carmesí oscuro, más oscuro que carmesí, llegue a olvidar mi propio nombre, y no había más espacio más que para vacío. Hasta que apareciste tú.