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La intimidación o amenaza es la forma más antigua para hacer que las personas actúen. Pero no tiene los efectos que deseamos con el tiempo.
Un buen ejemplo seria la forma como educamos a nuestros hijos o hacemos que cumplan las reglas de la casa.
Si un niño no esta dispuesto a organizar su habitación, podemos intimidarlo, con un fuerte grito y, si al día siguiente sucede lo mismo, volveríamos a gritar nuevamente. Cansados de alzar la voz, podríamos pasar a un castigo físico.
Esto nos traería como consecuencia que nuestros hijos se vuelvan insensibles al castigo, porque se acostumbran. Traeríamos cambios negativos en el carácter de nuestros hijos, un efecto muy común seria la rebeldía.
Nadie es rebelde por naturaleza, aprende hacer rebelde como mecanismo de defensa.
Pero que opinan si en lugar de intimidar y castigar, ofrecemos premios, algo de manipulación. Por ejemplo, si nuestro hijo no quiere arreglar su habitación le ofrecemos un helado, una salida al parque.
Este método hace que el niño por el afán del premio realice un mayor esfuerzo.
Aunque este método no suene como el mejor, su efecto solo durara mientras exista la recompensa. Con el tiempo habrá que aumentar dicha recompensa, pues si no hay premio no hay esfuerzo.
Desde que el mundo moderno como lo conocemos y el hombre invento el dinero, se encontró la mejor forma de hacer funcionar a las personas.
Podemos observar que ningún método es mejor que el otro. Lo mejor es tener una buena comunicación en el hogar, dar ejemplo a través de nuestros actos, hacer que nuestros hijos interactúen con nosotros en las labores del hogar, mediante juegos.
Hacerles entender que cada acto trae una consecuencia y hacerlos responsables de sus actos desde muy pequeños, forjara su carácter en el futuro, de lo contrario pensaran que todo lo que hagan estará bien, porque mamá y papá nunca los castigo o hablo de su mal proceder.