Alirfe tenía 68 años pero parecía de 86; ingresó al hospital una madrugada anterior a mi guardia matutina. Cuando lo conocí su rostro dejaba ver una tristeza muy profunda, al recibirlo en la unidad de cuidados intermedios me presente como su enfermera durante 6 horas y le dije mi nombre, ni siquiera me miro a los ojos. Sabía que iba a ser un paciente difícil pues en la entrega de guardia me habían comentado que se trataba de un paciente malhumorado y aprensivo.
Revisando la historia médica para comenzar a trabajar en los cuidados del paciente pude leer que había estado dos meses en la unidad de cuidados intensivos de otro centro médico sin criterio de RCP, esto significa que si ocurría alguna complicación en el paciente se podía ejercer alguna medidas de reanimación cardiopulmonar debido a que en su nivel de deterioro estas terminarían siendo contraproducentes, además durante todos esos días de gravedad no podía ser movilizado en cama para no empeorar el asunto. Al hablar no podía emitir voz, tenía en su cuello un traqueostomoque se lo impedía, al menos que tapara el orificio de la cánula en su tráquea, podía ejercer una voz forzada y de volumen bajo parecida a la de un robot,esa fue la consecuencia de una intubación prolongada, además tenía en su zona coxal una ulcera de gran tamaño por permanecer demasiado tiempo en una misma posición en cama.
Alirfe había sido por muchos años de su vida chofer de camiones, la mayor parte de su tiempo viajaba por todas las carreteras y autopistas del país en su camión ganándose la vida frente a un volante para sacar adelante a sus hijos.
Tenía todas las razones para mostrar esa tristeza en su rostro. Su vida después de esos dos meses en estado crítico jamás volvería a ser la misma. Había pasado por muchas situaciones dolorosas, en estos casos pienso que la medicina moderna debería tener mejores criterios para evaluar en cada caso particular si un procedimiento puede terminar perjudicando más de lo que beneficia.
Era un paciente de cuidados a tiempo completo, requería movilizaciones en cama cada dos horas, aspiración de secreciones por traqueostomo, cura de ulcera por presión, baño en cama, alimentación asistida, etc. Era un trabajo que tomaba casi las 6 horas sin que quedara tiempo para nada mas, cada día al realizarle cuidados veía su rostro serio, su mirada desesperanzada y su capacidad para ignorarme cuando le hablaba de cualquier cosa mientras lo aseaba para lograr al menos un gesto que exprese agrado. Al terminar de realizarle los cuidados pertinentes ubicaba una silla al lado de su cama para escribir el reporte de mi guardia en la historia médica.
Quería inventarme algo para amenizar su hispitalizacion, durante los primeros tres días le hablaba de mi y el tiempo que llevaba siendo enfermera y obviamente no parecía importarle, luego le comentaba sobre sus familiares y lo mucho que me parecía ver que lo quieren y esperan ansiosos cada visita para entrar a verlo, el respondía con un gesto de rechazo volteando la mirada hacia el lado contrario, y así cada diatranscurrido, cada guardia recibida hacia un nuevo intento, todos fallidos.
Una tarde al llegar al dormitorio de enfermeras para ponerme mi uniforme y entrar al trabajo encontré en una de las camas un periódico del día, era de una compañera que lo había olvidado y lo tome para entregárselo al día siguiente.
Recordé en ese momento que cuando era niña siempre veía a mi abuelo leyendo el periódico todas las mañanas y pensé que tal vez eso podría gustarle a Alirfe, enterarse de las noticias regionales y nacionales mas relevantes.
Recibí mi guardia como todas las tardes y lo tome de la mano mientras escuchaba los pendientes que me entregaba mi compañera del turno anterior, lo salude y le pregunte que si le gustaba leer el periódico y dirigió su mirada hacia mí, me contesto con gesto de afirmación con su cabeza y en ese momento supe que podía crear un vinculo con el que sirviera para hacerlo sentir mejor durante su estadía en el hospital.
Esa tarde trate de adelantar todo el trabajo posible, realizar los cuidados de rutina para que me alcanzara el tiempo para leer las secciones del periódico que más le gustaran, me senté a su lado con el periódico y comencé a preguntarle a manera de chiste si le gustaba la sección de farándula y me dijo que no, frunciendo el ceño y girando su cabeza de un lado a otro, luego le pregunte por la de política y tampoco acepto, los sucesos regionales eran los siguientes en mencionar y levanto el dedo pulgar hacia arriba. Comencé a leer de espacio y cuidando la pronunciación para que Alirfe pudiera entender con facilidad. Ese ejercicio lo hicimos durante tres días seguidos y ya no me rechazaba cuando le hablaba durante los cuidados o mientras lo alimentaba, le dije que para mí ya éramos amigos y me lo afirmo con una sonrisa.
Al finalizar la tarde me dispuse a preparar la entrega de guardia, escuche que Alirfe pronuncia mi nombre y un poco sorprendida fui a ver qué pasaba, tomo mi mano y con un apretón me regalo una nueva sonrisa, con señas me hace saber que quiere decir algo y tape el orificio de su traqueostomo para que pudiera hablar.
Me dijo ¡gracias! y en ese instante reafirme que mi trabajo va mucho más allá de realizar cuidados a los pacientes como un frío robot. Le respondí:
Gracias a ti por la sonrisa.
Al día siguiente Alirfe ya no estaba, le habían dado de alta en la mañana y cuando llegue ya se había ido. No me pude despedir, pero me quedo la satisfacción de que podría recordarme con el mismo aprecio con el que yo lo recuerdo a él.