El Trencito de Arroz. Relato
Entramos al teatro y lo primero que sentí fue un fuerte olor a madera, a edificio viejo, a humedad quizá. Tomamos nuestros lugares. La maestra no lograba sentarse. Se movía a lo largo de la fila intentando lograr que todos se quedaran en silencio y prestaran atención. Ya casi era la hora.
Detrás de la cortina se escuchaban murmullos, parece que del otro lado también había personas impacientes, como yo. Casi logro dar un paso para levantarla un poquito y develar el misterio que se esconde, pero la maestra me descubrió en el acto y me ordenó regresar a mi puesto en la fila. Estaba frenética repitiendo instrucciones, indicando lo que ya todos sabíamos, pero como era la maestra tenía que repetirlo. Ellas hacen eso.
Entonces se hizo el silencio
Una voz anunció el comienzo de la obra: Con ustedes El Trencito de Arroz… y la cortina se abrió. Avanzamos en fila, tal como en los ensayos y después de un par de vueltas estábamos listos para la acción:
-Chu, chu, chuuuuuu- fue mi primer parlamento.
-Chu, chu, chuuuuu- dije mientras veía con asombro las caras del público emocionado.
-Chu, chu, chuuuuuu-repetía y escuchaba por primera vez la melodía de aplausos que me premiaba mientras se cerraba el telón.
Así fue como un día tomé el trencito de arroz que me llevó en un viaje de aventuras infinitas por el maravilloso mundo del teatro.
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