Buenas noches amigos, si quieres leer un rato tengo algo muy bueno, me inspiré recordando las protestas en Venezuela hace algún tiempo. Está un poco largo, pero vale la pena leerlo. Espero sea de su agrado, lo hice con mucho cariño.
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—La maldad de algunas personas es muy grande, tanta así, que no les importa el sufrimiento de los demás, simplemente piensan en ellos y su ambición; este egoísmo que tienen estas personas, su abuso de poder, corrupción e injusticias, debe acabar de una vez, no podemos seguir en ello...
... Debo apresurarme, muchas vidas corren peligro.
Vuelo a toda velocidad, unos minutos más tarde estoy muy cerca del lugar, es un completo caos, muchos gritan muy asustados, otros corren, toco suelo en un lugar cercano, sin ser visto, los militares usan lo que tienen para atemorizar a un pueblo, una cantidad de ciudadanos dan pasos hacia atrás muy rápidamente aterrorizados, puesto que los cuerpos de seguridad dan pasos muy firmes para desvanecer aquella protesta. No uso la transformación, quiero que el mundo sepa mi identidad, sé lo peligroso que será para las personas que quiero, pero yo estaré ahí para protegerlos. Camino hacia adelante entre la multitud.
—Corre hacia atrás amigo, los militares se acercan— dice un hombre adulto que esta cerca de mi.
—Muchacho,¿Hacia adónde vas? Te van a agarrar los militares.
No presto atención a lo que dicen, mi mirada está fija hacia el frente; camino con mucha seguridad, ya puedo ver a los represores y sus tanquetas; un muchacho se resbala y cae al suelo, los militares están cerca de él.
—Lo van a agarrar.
—¡Ayúdenlo!— grita una mujer.
Las personas gritaban de todos lados, pero mientras lo hacían seguían retrocediendo, en sus caras se notaba el gran temor que sentían. Uno de los militares se adelanta a los demás y lanza una patada al muchacho en el suelo, este suelta un grito de dolor. —Lo van a matar.—dice un hombre cerca de mi.
—¡Déjenlo, cobardes!.
Un hombre quiere defender al jovencito, da pasos hacia el frente y antes de que estos aceleren lo detengo.
—Apártate muchacho, debo ayudarlo, lo van a matar.
—No se preocupe, señor, yo lo iré a ayudar; es un hombre muy valiente.
Camino hacia el militar, quien seguía golpeando al muchacho, cada vez acelero más el paso, al estar cerca de él se percata y se sorprende, un golpe después el militar yace tirado a dos metros de distancia, otro se acerca con un lanza gas lacrimógeno me apunta directo al pecho, aprieta el gatillo sin compasión alguna; a pocos centímetros de mi lo detengo con una la mano, el oficial se sorprende y retrocede, en ese momento se acerca el señor que quiso hacer frente minutos antes, me mira, toma al muchacho y se lo lleva.
—Gracias hijo, cuídate de esos desgraciados.
—Ellos deben cuidarse de mi. Dígale a las demás personas que se alejen, esto se pondrá peor.
El hombre se aleja, dirijo la vista hacia los militares y están prácticamente encima de mí. Varios intentan golpearme pero esquivo sus golpes.
—No quiero golpearlos, acabemos con todo esto de la mejor manera. Hablemos.
—No hay nada de que hablar— me dice uno de ellos de manera cortante —¡Apartense!
Saca una pistola, me apunta a la cabeza y dispara. En ese momento entendí que no les importaba llegar a un acuerdo; momento después detuve la bala, por unos segundos quedaron en silencio, en sus rostros se notaba lo sorprendido que estaban.
—Háganse a un lado— grita el sargento encargado —¡Tanquetas!
Dos tanquetas se dirigen a toda velocidad hacia mí. Están dispuestos a acabar con mi vida, cuando solo busco justicia y paz. No se me hace fácil, pero logro detenerlas al mismo tiempo, aceleran y me hacen retroceder un paso, unos segundos después empujo mis brazos hacia el frente y su parte delantera se hunde.
—No quiero hacerles daño, díganle a su superior que se acabó, se debe cambiar de gobernante, un pueblo pide a gritos elecciones justas y transparentes.
—¿Quién es él, señor?— le pregunta un militar a su superior, este está sorprendido de lo sucedido antes.
Frente de mi hay una gran cantidad de militares apuntándome con armas largas.
—Quien no este de acuerdo con lo que esta pasando, quien quiere este país libre, retírense, discupense con los ciudadanos y únanse a ellos.
Pocos fueron los que bajaron sus armas, las soltaron y se largaron del lugar.
—No es necesaria más violencia, somos herma...
—¡Disparen!
Era la primera vez que detenía tantas balas, pensé que no lo lograría. Se detiene el sonido de las armas. Están sorprendidos ante tal evento. Esperen, no me miran a mi. Giro la vista y ahí está, un jovencito ensangrentado, el mundo se me vino abajo, estoy muy enojado.
—¡APENAS ERA UN NIÑO!
Mis ojos cambian a un color claro, mi cuerpo es más grande, el cabello luce diferente. Solo se escucha el sonido de un gran estallido, una nube de humo cubre todo, al desvanecerse se observa un agujero a mi alrededor todo lo que estaba cerca ya no esta, entre ellos los militares. Salgo del lugar volando a toda velocidad, me dirijo hacia donde está el culpable de todo. Mientras más me acerco más complicado se pone, helicópteros y autos me disparan misiles, los cuales esquivo, cuando bajo a tierra firme me rodean muchos hombres, disparan, pero ya no es necesario atraparlas, están rebotan de mi cuerpo, causando muertes y heridos; cuando me acerco a la puerta, el causante de todo la abre...
—¡Dejen de disparar!— se nota que está muy asustado —Haré lo que quieras muchacho, ya no hagas nada más.
—Todo esto lo causaste tu, hace unos minutos acaba de morir un niño por tu cobardía.
—Perdóname la vida, haré lo que desees.
—No soy como tu, no pienso quitarte la vida, pero pagaras por el daño que hiciste, pasaras el resto de tu vida en la cárcel.
—No lo creo.
Aquel cobarde saca un gran cuchillo, no lo veía venir. Se escucha un disparo y el tirano cae muerto, uno de sus hombres le había disparado.
Empezará un nuevo país, donde la libertad, la justicia y la paz reinaran.
... Debo apresurarme, muchas vidas corren peligro.
Vuelo a toda velocidad, unos minutos más tarde estoy muy cerca del lugar, es un completo caos, muchos gritan muy asustados, otros corren, toco suelo en un lugar cercano, sin ser visto, los militares usan lo que tienen para atemorizar a un pueblo, una cantidad de ciudadanos dan pasos hacia atrás muy rápidamente aterrorizados, puesto que los cuerpos de seguridad dan pasos muy firmes para desvanecer aquella protesta. No uso la transformación, quiero que el mundo sepa mi identidad, sé lo peligroso que será para las personas que quiero, pero yo estaré ahí para protegerlos. Camino hacia adelante entre la multitud.
—Corre hacia atrás amigo, los militares se acercan— dice un hombre adulto que esta cerca de mi.
—Muchacho,¿Hacia adónde vas? Te van a agarrar los militares.
No presto atención a lo que dicen, mi mirada está fija hacia el frente; camino con mucha seguridad, ya puedo ver a los represores y sus tanquetas; un muchacho se resbala y cae al suelo, los militares están cerca de él.
—Lo van a agarrar.
—¡Ayúdenlo!— grita una mujer.
Las personas gritaban de todos lados, pero mientras lo hacían seguían retrocediendo, en sus caras se notaba el gran temor que sentían. Uno de los militares se adelanta a los demás y lanza una patada al muchacho en el suelo, este suelta un grito de dolor. —Lo van a matar.—dice un hombre cerca de mi.
—¡Déjenlo, cobardes!.
Un hombre quiere defender al jovencito, da pasos hacia el frente y antes de que estos aceleren lo detengo.
—Apártate muchacho, debo ayudarlo, lo van a matar.
—No se preocupe, señor, yo lo iré a ayudar; es un hombre muy valiente.
Camino hacia el militar, quien seguía golpeando al muchacho, cada vez acelero más el paso, al estar cerca de él se percata y se sorprende, un golpe después el militar yace tirado a dos metros de distancia, otro se acerca con un lanza gas lacrimógeno me apunta directo al pecho, aprieta el gatillo sin compasión alguna; a pocos centímetros de mi lo detengo con una la mano, el oficial se sorprende y retrocede, en ese momento se acerca el señor que quiso hacer frente minutos antes, me mira, toma al muchacho y se lo lleva.
—Gracias hijo, cuídate de esos desgraciados.
—Ellos deben cuidarse de mi. Dígale a las demás personas que se alejen, esto se pondrá peor.
El hombre se aleja, dirijo la vista hacia los militares y están prácticamente encima de mí. Varios intentan golpearme pero esquivo sus golpes.
—No quiero golpearlos, acabemos con todo esto de la mejor manera. Hablemos.
—No hay nada de que hablar— me dice uno de ellos de manera cortante —¡Apartense!
Saca una pistola, me apunta a la cabeza y dispara. En ese momento entendí que no les importaba llegar a un acuerdo; momento después detuve la bala, por unos segundos quedaron en silencio, en sus rostros se notaba lo sorprendido que estaban.
—Háganse a un lado— grita el sargento encargado —¡Tanquetas!
Dos tanquetas se dirigen a toda velocidad hacia mí. Están dispuestos a acabar con mi vida, cuando solo busco justicia y paz. No se me hace fácil, pero logro detenerlas al mismo tiempo, aceleran y me hacen retroceder un paso, unos segundos después empujo mis brazos hacia el frente y su parte delantera se hunde.
—No quiero hacerles daño, díganle a su superior que se acabó, se debe cambiar de gobernante, un pueblo pide a gritos elecciones justas y transparentes.
—¿Quién es él, señor?— le pregunta un militar a su superior, este está sorprendido de lo sucedido antes.
Frente de mi hay una gran cantidad de militares apuntándome con armas largas.
—Quien no este de acuerdo con lo que esta pasando, quien quiere este país libre, retírense, discupense con los ciudadanos y únanse a ellos.
Pocos fueron los que bajaron sus armas, las soltaron y se largaron del lugar.
—No es necesaria más violencia, somos herma...
—¡Disparen!
Era la primera vez que detenía tantas balas, pensé que no lo lograría. Se detiene el sonido de las armas. Están sorprendidos ante tal evento. Esperen, no me miran a mi. Giro la vista y ahí está, un jovencito ensangrentado, el mundo se me vino abajo, estoy muy enojado.
—¡APENAS ERA UN NIÑO!
Mis ojos cambian a un color claro, mi cuerpo es más grande, el cabello luce diferente. Solo se escucha el sonido de un gran estallido, una nube de humo cubre todo, al desvanecerse se observa un agujero a mi alrededor todo lo que estaba cerca ya no esta, entre ellos los militares. Salgo del lugar volando a toda velocidad, me dirijo hacia donde está el culpable de todo. Mientras más me acerco más complicado se pone, helicópteros y autos me disparan misiles, los cuales esquivo, cuando bajo a tierra firme me rodean muchos hombres, disparan, pero ya no es necesario atraparlas, están rebotan de mi cuerpo, causando muertes y heridos; cuando me acerco a la puerta, el causante de todo la abre...
—¡Dejen de disparar!— se nota que está muy asustado —Haré lo que quieras muchacho, ya no hagas nada más.
—Todo esto lo causaste tu, hace unos minutos acaba de morir un niño por tu cobardía.
—Perdóname la vida, haré lo que desees.
—No soy como tu, no pienso quitarte la vida, pero pagaras por el daño que hiciste, pasaras el resto de tu vida en la cárcel.
—No lo creo.
Aquel cobarde saca un gran cuchillo, no lo veía venir. Se escucha un disparo y el tirano cae muerto, uno de sus hombres le había disparado.
Empezará un nuevo país, donde la libertad, la justicia y la paz reinaran.
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En honor a todas aquellas personas que perdieron la vida en el país, durante las protestas; hace falta más personas con ese coraje, con las ganas de tener una Venezuela libre... Héroes sin capa.
Cuando la tiranía se vuelve ley, la rebeldía es un derecho.