Todo quedó en silencio, abrí los ojos y aquel escenario cambió radicalmente, lo que mis ojos veían era un panorama muy distinto, estaba frente a una hermosa cascada, alguien me abraza por la espalda, al voltearme me doy cuenta que es mi hijo, quién al mirarme me sonrió; la felicidad llegó a mi, por fin algo bueno, mi mayor tesoro estaba frente a mi, no dudé en abrazarlo y mientras lo hacía unas lágrimas de felicidad brotaron de mis ojos y mientras los cerraba estas recorrían mis mejillas, ¡Te amo, hijo!, le dije con una sonrisa. ¡Papáaaa!, ¡Ayudameeee!, mi sonrisa se opacó y mi cara tomó expresión de terror al mirar de nuevo no tenía nada entre los brazos, !No, otra vez no!, decía reiteradamente.
Pasaron unos minutos para poder entender lo que pasaba, me tranquilicé, ¡Es solo un sueño más!
Desperté nuevamente y mire el techo, habían tres bombillas juntas, cuando miré alrededor había una mesa con un despertador y aparatos tecnológicos. Se escuchan unos ruidos, alguien se acercaba a la habitación donde me encontraba, traté de levantarme, pero estaba atado a la cama, se abrió la puerta y aparecen dos figuras de seres extraños, ¡ya despertó!, en ese momento suena el despertador que estaba a mi lado, ¡justo a tiempo! dice el otro. Son... ¡extraterrestres!
No es un sueño más, me dijo uno de los dos seres. ¡Bienvenido a la vida nuevamente!