
El Anciano y la Joven
Al notar la presencia de la mujer, aquel hombre levanta la mirada y lo único que pasa por su mente es que ella quiere burlarse de él como hacían las demás personas, así que con voz firme le dijo a aquella extraña:
-Por favor váyase, déjeme en paz.
-¿Tiene hambre, señor?- le pregunta esta mirándolo a los ojos y con una sonrisa.
-No, estoy de maravilla, acabo de almorzar con el papa- le responde este con un gesto de desagrado -Ahora sí, váyase por favor, déjeme en paz.
A pesar de ello la mujer no se dio por vencida, así que lo tomo suavemente del brazo y lo levantaba.
-¿Qué hace? Déjeme tranquilo.
Al ver dicha escena se acerca un oficial de policía -¿Esta bien, señorita?
-Solo quiero ayudar a este señor a levantarse para comer en la cafetería de enfrente, ¿Podría ayudarme, oficial?
-Yo no he hecho nada, suélteme oficial- insistía aquel hombre, finalmente entro al restaurante.
Aquel lugar estaba aún vacio, sin embargo el gerente indignado se acercó y dijo:
-Buenas tardes, oficial, señorita, ustedes son bienvenidos, pero lamento decirles que ese sucio indigente no puede quedarse, personas como él, son malas para el negocio. ¿Qué van a pensar de mi restaurante si ven a una persona de la calle comiendo aquí? Además ese hombre es muy problemático.
-Disculpe. ¿Es usted el dueño del lugar?
-Soy quien toma las decisiones aquí, y ese señor debe irse, a menos que también quiera acompañarlo a la salida- dice el gerente groseramente.
Ella simplemente sonrió, saco unos papeles, se los mostró al sujeto y le dijo amablemente:
-No lo creo, señor. Mucho gusto, soy la nueva dueña de este lugar y las decisiones las tomo yo. No esta tratando a sus clientes de la manera correcta.
El gerente se puso pálido y con voz quebrantada se disculpo con la señorita y el vagabundo. El policia quedó sorprendido ante la humildad y educación de la mujer.
-Pida lo que quiera, señor, hoy la comida corre por mi cuenta. Oficial, si desea puede acompañarnos a comer también.
El hombre, con lagrimas en los ojos le dice a la mujer preocupado:
-¿Por qué hace esto por mi, señorita?, Yo no tengo como pagárselo.
La joven le seca las lagrimas, le toma de las manos y le responde:
-Usted ya me pago hace 15 años, cuando trabajaba en este mismo restaurante. ¿No me recuerda?, yo no tenia bolso fino ni zapatos de marca, solo hambre y frío, acababa de graduarme y buscaba trabajo, ya que me habían botado de mi departamento por no tener como pagar, llevaba días en las calles, entré, le pedí trabajo a cambio de comida y me dijo que por políticas del restaurante no podía, pero me dio un menú y me dijo que la comida corría por su cuenta. Ese fue mi primer platillo luego de 5 días. Esa comida y su sonrisa me dieron fuerzas para continuar, ese día encontré trabajo, me esforcé bastante día tras día hasta montar mi propio negocio.
-Esto es para que te compres algo de ropa y tengas un lugar donde quedarte. Y no tendrás que pasar más hambre ni frío, a partir de mañana podrás trabajar aquí y recibir a los clientes con esa gran sonrisa con la que me recibiste hace años.
Fuera del restaurante la mujer se detiene y le da las gracias al oficial por haberlos acompañado, el oficial le responde:
-Gracias a usted, señorita, hoy me ha dejado una gran enseñanza.
Puesto que yo soy imperfecto y necesito la tolerancia y la bondad de los demás, también he de tolerar los defectos del mundo hasta que pueda encontrar el secreto que me permita ponerles remedio.
Mahatma Gandhi
Debemos tolerarnos, somos hermanos. Éxitos y bendiciones, amigos.