“A algunos Dios les susurra al oído, a mí me grita, me infesta la cabeza con melodías y me arrebata el placer que les concede a los demás de escucharlas...”
Hacer música, para muchos es un trabajo al cual dedican su vida entera. Tal entrega no es en vano, ya que el arte musical es, al menos para mí, una de las joyas más preciadas con las que cuenta la humanidad. Si con tan solo oírla, la música, puede ser sanadora, restauradora, un instrumento en manos de un ser superior, el cual decide hacer inmanente esa cualidad que vivifica el alma, poniéndola en manos de los hombres, seres finitos y sencillos. Cualquiera sea su género, la música bien hecha se constituye en fuente de vida. Por lo tanto, un músico, es un sublime portador de vida.
No piense el que lee que yo tengo ínfulas de ser un músico. Intento acercarme con paso felino (firme pero cauteloso) al mundo musical, siendo en primera instancia, espectadora y luego, fanática de buena música. Y en estos días, se me ha ocurrido comenzar a cantar, a disfrutar de lo que canto; incluso, me he atrevido a escribir canciones. Es muy incipiente mi experiencia como escritora de canciones. No podría dar una cátedra de cómo hacerlo. Lo que sí, puedo decir con propiedad, desde mi experiencia "enamorada de las melodías en mi cabeza", es ¿cómo he visto nacer mis temas musicales?. Lo mostraré de forma muy sencilla en estos tres episodios.
Frenesí de ideas que nadie entiende, sólo yo
Al principio, todo parece amorfo, sin sentido armónico, versos que emergen sin estructura. Eso, para los demás. Sin embargo, para mí, los primeros vestigios que van dándole nacimiento a una canción, son las más hermosas expresiones espontáneas que brotan de un alma cargada con miles historias, sentimientos y consejos, que están a punto de estallar en mil pedazos. Y cuando lo hacen, elevan al portador a un estado emocional y musical superior, que le permiten orientar sus pensamientos hacia la unidad de cada trozo de aquella explosión, cual si fuera un rompecabezas. De este modo, cuando se le logra dar forma nace una obra maestra.
Momento de cordura artística
Hora de mostrarla al público
Finalmente, la prueba de fuego es mostrar tu preciada y recién nacida canción al mundo exterior. Ella, tu creación, tu explosión de sentimientos, tu orden y tu cordura, merece ser mostrada al mundo con entusiasmo y belleza. Es el momento que más disfruto, cuando puedo al fin entonar su estructura, sabiendo de dónde, cómo y cuándo vino. Oírla vibrar en mis cuerdas (vocales y de mi guitarra) es hermoso; cuánto más, oírla en labios de alguien más, esto es una sensación indescriptible.
Así, mis amigos queridos, llega a vislumbrarse cada una de mis melodías. No es nada técnico, más sí es vívido. Cada día que pasa surgen nuevas ideas, y se agolpan en mi cabeza a fin de retumbar y en algún momento estallar, a fin de dar nacimiento a una nueva creación.
Quiera Dios hablarme a diario en susurros melódicos, así no cesará mi musa y mis experiencias se seguirán convirtiendo en nuevas y bellas canciones.
Por acá, les dejo un regalo con mucho amor
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