Sé que suena risible el título de mi publicación, pero fue exactamente lo que me ocurrió la mañana de este lunes 09 de julio de 2018. Si gustan síganme en la narrativa del hecho.
Fotografía original del momento en que abrí la caja en DOMESAAl presentarme ante el recinto del agente autorizado DOMESA, empresa de encomiendas en Venezuela, específicamente en la oficina receptora de Yaritagua estado Yaracuy, se me hizo entrega de un envío que efectuara mi amigo (con quien acordé una compra muy bien intencionada), contentivo de una computadora portátil con características únicas; para mi sorpresa (y qué bueno que se me ocurrió abrir el paquete en presencia de quienes atendían allí) la caja, debidamente embalada, con sellos y demás materiales de seguridad, contenía "losas" (cerámicas partidas). ¡Casi me desvanezco de la impresión!.
La reacción de las mujeres que atendían la oficina
Al tratarse de un cargamento que apenas estaba ingresando al recinto, minutos antes de mi llagada a la oficina en cuestión, recibido desde la ciudad de Caracas, ellas apenas acomodaban en los estantes destinados para ello todos los paquetes aceptados. Entre estos se encontraba el mío.
Al consignar mi número de guía, efectivamente mi "laptop" se encontraba entre las entregas del momento. Me la colocaron en el mostrador. Yo, emocionada por recibir mi equipo, con el cual ya podría realizar mis trabajos con mayor eficacia, me dispongo a abrirla. Les solicito me faciliten algún elemento cortante con el que pueda romper los sellos de seguridad, ellas me prestan un cuchillo pequeño y con este abro mi caja. Bueno, ya les conté y mostré qué fue lo que llegó en la caja.
A estas damas casi se les cae la cara, titubearon, dijeron de todo sin tener sentido ninguna de sus palabras. Entre sus expresiones les cuento las más insólitas: Primera, "Pero ¿Cómo se le ocurre enviar material valioso a través de....?" interrumpo: "¿A través de... "DOMESA"?", callaron. Segunda, "Lamentablemente, usted no va a recuperar su computadora". Tercera, "El seguro de la empresa se indemnizará si acaso un 1% del valor de su mercancía". Y cuarto, "Es que usted debe saber que el los agentes autorizados de DOMESA por vender hacen lo que sea". Emitan ustedes sus opiniones al respecto.
Por cierto que ellas me recomendaron ir a la policía a colocar la denuncia. Ese fue mi siguiente paso.
La reacción de los oficiales de Policía (C.I.C.P.C)
Como todos mis paisanos sabrán la situación que a diario vivimos en este país cazando un poco de dinero en efectivo para los asuntos básicos, como el transporte. Pues, ese preciso día, yo no portaba ni un solo billete. Así que, me tocó caminar unas 20 cuadras (2 Km) para ir a colocar la denuncia al Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (C.I.C.P.C), sub delegación Yaritagua. Les cuento.
Presento mi caso ante el oficial que me recibió, y estaban junto con él dos policía más. Al escuchar mi causa: "pedí me enviaran una laptop que compré en Caracas, por encomiendas en DOMESA y me llegó una caja llena de losas"; ellos se impresionaron, y a uno de ellos le causó mucha risa mi denuncia. ¿Qué tal? ni por el hecho de yo ser una dama, ese oficial pudo comportarse. Pero la respuesta oficial, me sorprendió un poquito más.
El policía a cargo me informó que esa denuncia no debía colocarla yo, si no la empresa DOMESA debería venir a denunciar el siniestro. Quedé mirándolos pero atónita. Es decir, los que me robaron deben venir a denunciarse a sí mismos. ¡Ok! Así son las cosas, como decía el difunto Oscar Yanez.
Mi reacción
Pues, mis amigos, los que me conocen ya sabrán que no soy de las personas que anda llorando por los rincones. Esto que me pasó, ciertamente me desarmó de un tirón. Claro, el plan era poder estar más relajada al trabajar y estudiar teniendo mi propia computadora (por los momentos voy a casa de un amigo que de vez en cuando me presta la suya), y al ver frustrada mi meta, todo en mi cabeza quedó patas arriba.
Esa noche casi no dormí. Me sentí miserable por el trato que recibí por parte de esta horrorosa empresa y la institución policial. Sin embargo, desvelarme me sirvió para meditar y poner mis cargas en Dios, mi ayudador. Al amanecer, literalmente me levanté de un salto y me dispuse resueltamente que nadie me puede arrebatar el entusiasmo de seguir adelante. ¡Yo no soy de las que retroceden!
Algo sí me queda claro, mi país gime y por todos sus poros emana tristeza y desesperación. Aquí nadie está seguro. Debemos darnos la mano, paisanos y hermanos de otras latitudes. No vale la pena rendirse.