Un gusto saludarles mis estimados amigos. Le refería al amigo
Abominación en mi Diván
Sábado en casa; ya me merecía un descanso, pensé. Cuando una inesperada llamada interrumpió mi quietud. –Doctora, necesito hablarle. ¡Es urgente!. Se trataba de Susana, mi paciente a quien venía tratando desde hacía unos meses.
La recibí casi inmediatamente. Parecía como si aguardase mi respuesta positiva para tocar a mi puerta. –¡Toc, toc! ¡Me sobresalto de una forma nada normal! Sin embargo, enseguida me dispongo a abrir.
Era ella, mi urgida paciente. Lucía más radiante que nunca, una belleza y fragancia de rosas que perturbaban mis ideas, ya que por teléfono ella sonaba desesperada, aterrada y muy agobiada. No presté mucha atención a este detalle. En cambio, me imbuí en mi labor psicoanalítica.
Luego del rapport acostumbrado, en donde le pregunto por la familia, me confesó haberle quitado la vida a sus tres niños. Esto me hizo levantar mi mirada, más sin notarle mueca alguna. Al cabo de dos segundos su rostro se desfiguró; su voz se volvió áspera, y un olor putrefacto invadió la habitación. “Esto no era una mujer”. Una abominación se encontraba en mi diván.
-“A ver, Doctora”, me dijo. ¡Ahora yo te aconsejaré!
-¿Te sigues sintiendo superior porque no vives una vida miserable como la mía?
Mi garganta estaba trabada; mis manos pesaban como si de ellas pendiesen yunques.
Este ser tan horrible me seguía increpando, en tanto que su lengua enorme intentaba alcanzarme desde el diván hasta mi sillón.
¡Ring, ring!
Sonido del cielo, “mi celular”.
¡Reaccioné! Estaba soñando. Atendí.
¡Aló, Doctora! Necesito hablarle .
Era Susana.
Fuente de imágenes utilizadas en mi escrito:
Vaya mi sincero agradecimiento a
por promover
el talento dentro y fuera de la comunidad Steemit.
Mi abrazo en la distancia, amigo mío :-)