La vida de los grandes escritores podría dividirse en dos secciones: por un lado, la obra literaria en sí, y por otro, la que se va forjando a través de opiniones o comentarios que son registrados en entrevistas o alguna actividad extraliteraria, y que, tanto más años tenga el emisor más sabiduría tendrían esas sentencias.
Obras literarias que traten la vejez hay muchas para escoger: La muerte en Venecia de Thomas Mann, sobre un anciano que se ve sorprendido por el amor hacia un varón adolescente, Memorias de mis putas tristes, de Gabriel García Márquez, donde un anciano de 90 años busca y se enfrenta al placer carnal hacia una adolescente, o El viejo y el mar, de Ernest Hemingway, en la que un anciano es llevado por la determinación de ganar hasta mar adentro en busca de un pez.
Pero, hablemos de otra cosa, hablemos sobre lo que dijeron José Saramago y José Luis Sampedro sobre la vejez fuera de sus obras. No se hará referencias directas a sus novelas aunque ellos la trataron como eje central en las mismas.
José Saramago, escritor portugués que a los 24 años publicó su primera novela Tierra de pecado, abandonó el oficio por 20 años, asegura que lo hizo “porque no tenía nada para decir”, siendo su primer gran éxito la publicación de Memorial del convento, a los 60 años.
En una entrevista llegó a decir sobre el tema lo siguiente:
“Hay un problema que se llama la vejez. Un hombre, como en mi caso con 84 años, es decir, no es mayor, es viejo. Esas cosas de mayor, ‘ese señor muy mayor y tal’, no, es sencillamente viejo, puedo llevarlo con cierta dignidad. Un deportista tiene muchos problemas, […] que si saltaba 2 metros, 10 metros o 20 metros o algo así, y que ahora no es capaz de alzar la pierna a la altura del culo, yo creo que se sentirá humillado, y ahí está uno de los problemas, porque el deportistas tiene que ser joven…” (3.59”)1
La frase quedó interrumpida por cierta pedantería de los invitados (¿jóvenes?), a lo que quizá el autor quería decir que el escritor no necesita ser joven para seguir escribiendo, sino que al contrario, la escritura es beneficiada por quien ha vivido mucho, por quien se encuentra en la vejez, o también, que la literatura no es como los otros empleos que exigen una persona joven, de cuerpo esbelto y experiencia de un anciano.
José Luis Sampedro, a sus más de 94 años, hablaba con una lucidez y cordura que ya quisieran tener lo más jóvenes. De memoria prodigiosa y facultades didácticas innatas, trataba temas sobre el complejo mundo de la economía, la religión, la educación, o la vida en general con palabras sencillas que buscaban despertar hasta el menos espabilado.
“El problema es que nos educan muy mal […] para ser súbditos, no para tener pensamientos propios” (9.10”)2.
Ya que para él, la persona que se ha cultivado a sí misma tendría las herramientas para hacer frente a los medios, a las culturas de la manipulación, a los poderes como la religión que mediante el miedo manipula al ciudadano: “La Iglesia es el arquetipo del razonar al revés: primero se cree y luego se razona. El hombre libre primero razona y luego se cree lo que ha razonado” (15.15”)2.
De opinión parecida José Saramago llegó a expresar: “[...] Que millones de personas se dejen manipular, que crean que efectivamente ha sido el Espíritu Santo que bajó y ha elegido para ser cabeza suprema de la Iglesia católica apostólica y romana al señor que se llama Ratzinger. No tengo ninguna consideración” (1.15”)3. O en otra: “Jamás una religión sirvió para acercar a los seres humanos unos a los otros” (1.44”)4.
La vejez parece dar la suficiente autoridad para decir lo que se piensa cuándo y dónde sea, sin inmutarse, el escritor portugués dijo en una ocasión que “mientras más viejo, más radical”, haciendo alusión a sus ideas expresadas desde hacía años y que prácticamente no las había cambiado, sino que más bien, se había reafirmado en ellas con el pasar del tiempo a pesar de las críticas recibidas, tildado de provocador y retrógrado. Y es que como dijo José Luis Sampedro en una entrevista ¿póstuma?: “En la vida social son mucho más importantes los mutantes y los diferentes”5 ya que son los que modifican la vida y la hacen evolucionar, como lo fueron él y José Saramago.
Esta última etapa no es quizá la más fácil, debido a que no se cuenta con las mismas facultades físicas para sobrellevar o adaptarse a un ritmo de vida cada vez más exigente. No obstante, como dijo Sampedro en el minuto 43 de esa última entrevista:
“Hacen muchos años de prácticas para llegar a ser joven”.
Ysaías Núñez
Bibliografía
1.- José Saramago, “Ciclos encuentros en la Caja”, Fundación CajaCanarias, (3 de agosto de 2007).
2.- “Salvados”, Entrevista a José Luis Sampedro, La sexta.
3.-José Saramago sobre la Iglesia, Entrevista (extracto)
4.- El vagamundo, entrevista a José Saramago (extracto), Canal Sur
5.- Epílogo, Entrevista a José Luis Sampedro, Canal +
Fotografía: José Saramago y José Luis Sampedro. Fundación José Saramago