ODISEA II | Alex
«¿Donde demonios están todos? Y lo que es peor... ¿Por qué no puedo ver nada?»
Alex estaba en completa oscuridad, por más que caminara no lograba llegar a ningún lado. El entorno era infinito, no había paredes ni ningún objeto o material en el camino. Daba la sensación de estar en un gigantesco búnker sin salida.
— ¿Donde se supone que estoy?
— ¡Sargento Alex! Que alegría tenerlo despierto.
Una voz se escuchó en lo que parecía sonar como una bocina. No pudo evitar girar la cabeza para seguir el sonido pero el mismo se ampliaba y hacia eco en todo el lugar. La desorientación generada por el hecho de no poder ver nada y de tener que escuchar el eco de esa voz causaba que su cabeza diera tumbos.
— ¿Qué es este lugar? ¿Por qué esta tan oscuro?
— Todo a su tiempo sargento. En primer lugar hay que revisar que este bien.
Sintió unas manos al rededor de su pecho, intento safarse pero no pudo hacerlo, luego, sintió como alguien sujetaba sus piernas.
— ¡¿Que demonios hacen?!
— Solo manténgase quieto unos minutos. Queremos revisar que sus signos vitales estén bien y que no nos enfrentemos a alguna problema grave.
«¿Grave? ¿A que se refiere con eso? »
Alex no lograba entender exactamente lo que pasaba. Su respiración se agitaba cada vez más y maldecía el día en que aquel sujeto los envió a esa misión.
— ¡¿Dónde están mis compañeros?!
— Muertos.
— ¡¿Son ustedes terroristas?!
— No.
— ¡¿Quién demonios los envió a detener nuestra misión?!
— Hace demasiadas preguntas sargento.
Alex comenzaba a alterarse, pero no podía hacer nada. En su condición cualquier movimiento en falso podría resultar fatal, tenia que descubrir de qué se trataba todo esto y evitar en la medida de lo posible un enfrentamiento. Los comunistas podían estar de por medio pero a su vez existía una gran posibilidad de que se tratase de piratas, los terroristas del mar atlántico. En cualquier caso tendría que huir lo más rápido posible.
— ¡¿Pueden al menos decirme donde estoy?!
— Quizás piense que somos terroristas o algún grupo de comunistas enviados por su cabeza sargento, sin embargo temo decirle que está equivocado.
«¿Quién demonios puede ser este sujeto? ¿Cómo es posible que hayan acabado con todo el equipo? Puedo creer que quizás estén heridos pero ¿Muertos? Marlon y Dylan no permitirían eso. »
— La verdad es que el señor Tailor nos envió por ustedes.
«Maldito anciano... »
Alex apretó fuertemente sus puños, desde que decidió trabajar como agente de la OTAN nunca habia creido en aquel anciano, el "vicepresidente" de la organización, un viejo decrepito del que se escuchaba habia sido parte de las filas comunistas y ahora actuaba como un democrata ante los paises miembros, de solo escuchar su nombre se llenaba de odio y empezaba a comprender un poco lo que estaba ocurriendo.
Su cuerpo se estremecía y tiró fuertemente de los hombres que le sujetaban. Varios gritos se escucharon en la habitación y un golpe seco lleno nuevamente de silencio aquel lugar. Alex cayó de rodillas.
— Le dije que se mantuviera quieto sargento Alex. El experimento no puede salir mal, no ahora.
— ¡¿De qué habla?! ¡Déjeme ir! ¡Tenemos una misión que cumplir!
— ¡Ya le hemos dicho sargento! Quédese quieto ¿O prefiere morir? En cualquier caso su misión terminó desde el momento que salió de casa y se despidió de su esposa y su pequeña Sheila. La OTAN decidió terminar con ODISEA ¿No lo entiende?
— El presidente no estará de acuerdo con.
— El presidente solo sabe y sabrá que ustedes murieron en enfrentamiento en contra de fuerzas comunistas. Fueron un gran equipo pero no podemos permitir que se sepa nada de lo que ocurre aquí en Cuba. Si tan solo el Capitán Marlon hubiese guardado silencio y cancelado la investigación las cosas serían completamente diferentes.
«¿Cuba? ¿Significa que la OTAN ha estado colaborando con la guerra? Maldita sea... todo esto es culpa de ese anciano. »
Alex respiro profundamente y se levantó tambaleante del suelo. Su cabeza daba vueltas y sentía el dolor en su cuello de aquel golpe. Escapar no era una opción y había algo de lo que recién se había podido dar cuenta al llevar sus manos a su rostro.
— En fin sargento, sírvase de colaborar con nuestra investigación y deje que el personal haga su trabajo.
Las manos volvieron a acercarse al cuerpo del sargento y sintió como varias agujas atravesaban su piel: rodillas, cuello, hombros. Una a una atravesaban su cuerpo y comenzaba a sentirse adormecido.
— Una ultima pregunta.
— ¿Diga sargento?
— ¿Qué le hicieron a mis ojos?
Historia original | Imagenes de mi autoría tomadas con dispositivo Samsung S3 Mini.
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