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— ¿Qué se supone que vamos a buscar aquí? —Marta entró a la mansión y observó como una araña bajaba por la pared a su lado. — Este lugar no me gusta.
— Cualquier cosa. Algo debemos encontrar.
Observé el salón principal y revisé entre los libros y papeles regados en el suelo: Pintura, arte, historia, geografía; no había más que libros viejos e irrelevantes.
— Luna mira esto. —del otro lado de la sala Marta tenía varios papeles en sus manos y entre ellos una fotografía. — Esta un poco vieja pero es la misma mujer.
— Déjame ver. —caminé hasta donde se encontraba y observe la fotografía. Claramente mostraba a la señora Elissa junto al piano de la segunda planta.— Si es ella, pero hay alguien sentado a su lado, frente al piano.
En la fotografía, la luz que ingresaba por la ventana de la habitación casi no dejaba ver el otro personaje tras la mujer, sin embargo su ropa daba claros indicios de ser el músico del que tantos aplaudieron en la noticia que ya habiamos leido.
— Es él Marta, el músico.
— ¿Cómo lo sabes?
— Es una corazonada.
Marta seguía viendo papeles viejos y yo me acerqué hasta la escalera del segundo piso. Los recuerdos de los sueños que había tenido venian hacia mi y lentamente fui subiendo escalon tras escalon, recordaba la melodía que había escuchado, imaginándome a mi misma como aquel musico anonimo. El pasillo del segundo piso se abría paso y antes de darme cuenta ya estaba en aquella habitación frente al piano. La luz de la ventana era tan tenue y hacia acogedor el lugar.
— Que ocurrió en este lugar.
Pose mi mano derecha en el piano y la deslice suavemente sobre las teclas, una a una iban haciendo una melodía apenas inteligible, sin embargo me detuve al sentir como casi al finalizar mi recorrido una de las teclas se quedaba trabada. en mis manos.
— ¿Qué pasa? —la toqué nuevamente pero la misma se encontraba completamente trabada. — Hay algo aqui.
Me acerqué para mirar más de cerca y justo entre las teclas había algo atorado. Abrí mi bolso rápidamente y busqué una pequeña pinza de cejas que cargaba conmigo. Al introducirlas cuidadosamente sentí como una especie de cuerda metálica chocaba con la pinza; era difícil pero luego de varios intentos pude tomarla correctamente y jalé cuidadosamente para no dañar el piano.
— ¿Y esto?
En mis manos tenía ahora un colgante gris el cual, además, poseía una hermosa piedra roja como dije. La observé unos cuantos segundos y pude apreciar que el material posiblemente era plata y la roca bien parecía un pequeño rubí.
— ¡Luna!
Escuché como Marta gritaba mi nombre desde la planta inferior, guarde el colgante en mi bolso y corrí por el pasillo hasta las escaleras. En la puerta del recinto un oficial de policía me observaba y cruzaba los brazos con una expresión de enfado.
— ¡Niñas saben lo peligroso que es estar aquí! —dijo él, mientras caminaba hasta donde se encontraba Marta. — Si no fuese por una vecina que las vio entrar no nos hubiésemos enterado.
— ¡Lo siento oficial! —Marta estaba temblando de miedo y cerraba los ojos al escuchar los regaños del oficial. — ¡No le diga nada a nuestros padres!
— ¿Que hacen un par de jóvenes de instituto en este lugar? —el oficial vio alrededor buscando más personas. — ¿Están solo ustedes dos?
— Si. —respondí mientras bajaba las escaleras. — Una compañera me retó a venir a esta casa porque según estaba embrujada, mi amiga no tiene la culpa, ella solo quiso acompañarme.
— ¿Un reto?
El oficial miraba un tanto incrédulo ante mi respuesta, sin embargo, observo nuevamente el lugar y suspiro antes de echarse a reír.
— Pues bien. No diré nada a sus padres por ser la primera vez que escucho quejas de este lugar, sin embargo, debo pedirles que salgan de inmediato de aquí y prometan no volver a entrar nunca más.
— ¡Lo prometemos! ¿Verdad Luna?
Marta se había adelantado a los acontecimientos y dado una respuesta por las dos, yo al contrario apretaba fuertemente mi bolso y con la mano contraria ligaba los dedos disimuladamente antes de asentir con la cabeza.
— Excelente. —contestó el oficial. — No crean que este tipo de cosas lo hacemos por mal. La ciudad tiene una tasa muy baja de delincuencia pero esta casa es tan vieja que si algo les sucediera sería difícil responder. Ahora por favor salgan de aquí y vuelvan a casa.
— ¡Gracias oficial! ¡Luna vamonos!
Marta tomó de mi mano y me sacó de la mansión. Observé como el oficial clausuraba la entrada al lugar, posterior a esto sentí nuevamente que alaban de mi brazo. Me sentía como en un deja vu recordando la primera vez que salía de allí. Ya sabía lo que vendría de parte de Marta luego de esto.
— Por poco.
— ¡¿Qué quieres decir con eso Luna?! —Marta ya estaba enfadada e histérica, había tardado mucho. — ¡Si nos hubiese tocado otro oficial ahora estuviésemos esperando en la parte trasera de un coche a que alguno de nuestros padres aparezca!
— Pero no pasó Marta.
— ¡Luna!
El resto del camino a casa fueron quejas y alaridos de parte de ella. Yo aun apretaba el bolso y me hacía preguntas sobre aquel colgante: ¿A quien pertenecía? o mejor aún ¿Por qué estaba oculto allí? Como fuera, era una pieza más para el rompecabezas que estaba suscitando todo este embrollo.
— ¡Es muy bonito! —ya en mi cuarto Marta observaba el colgante fascinada por su belleza. — ¿Crees que haya sido de Elissa?
— No lo se. —observaba las cosas que habíamos estado encontrando. Parecían piezas del rompecabezas y me imaginaba como podían calzar unos con otros. — ¿Crees que pertenezca a ella?
— Creo que si, no todo el mundo podía comprar algo así en aquella época.
— Tienes razón. Pero es extraño, no lo lleva puesto en ninguna de las fotografías.
— Quizás era un tesoro.
— No lo creo así.
Tome una de las fotografías y la detalle por casi un minuto. Era difícil poder decir que aquello era un tesoro pero a su vez podría tener algún significado importante en el asunto. Posterior a esto observé el artículo de prensa que habíamos leído en la biblioteca y dos palabras vinieron a mi mente: asesinato y criado.
— El que la asesinó quizás buscaba esto. —dije.
— Es posible. —respondió Marta. — La cuestión está en saber quién y porqué.
— El articulo decia que el criado era el principal sospechoso.
— Tienes razón. —contestó Marta, mientras caminaba por la habitación. — Es posible que ella ocultara el colgante en el piano justo antes que el criado la asesinara.
Podíamos sentarnos a discutir el tema toda la noche, sin embargo había otras cosas que no calzaban, como por ejemplo: Si fue el criado ¿Como es posible que nadie más se diera cuenta? ¿Donde estaba la familia de Elissa? El articulo decia que la familia “Czerso” había construido la casa, por lo menos debería de haber tenido un esposo. Y lo que es más raro aún ¿Donde había quedado el músico y por qué no salía reflejado en ningún escrito? Iba a terminar volviéndome loca al analizar todo esto.
— Ya me contaras mañana si descubres algo. —Marta se levantó y tomó sus cosas, acto seguido me dio un beso en la mejilla y se dirigió hacia la puerta.
— Pensé que te quedarías hoy. —respondí.
— Mi madre quiere que pase la noche en casa. Los abuelos se van mañana y apenas estuve ayer con ellos.
— Bueno.
— Prometeme algo Luna.
— ¿Qué cosa?
— No vuelvas a ir a la mansión, o al menos no vayas sola.
Entendía el miedo de Marta por meternos en problemas pero ya había empezado todo el asunto y debía terminarlo. Le dedique una sonrisa y asentí intentando convencerla, Marta por su parte hizo un guiño y salió de la habitación. Le dí varias vueltas al asunto durante un par de horas, tenía que conseguir algún indicio que conectara todos los puntos, tenía que descifrar la canción, averiguar a quién pertenecía el colgante y sobre todo quién era aquel músico misterioso.
A las nueve Derek me pidió que bajara a cenar así que ordene todo y le seguí. La noche transcurrió como cualquier otra y tras una ducha de agua fría me lancé a la cama. La luz de la luna penetraba la ventana e iluminaba la pequeña piedra roja del colgante, me levanté, tomé la prenda y apto seguido la guindé en mi cuello. Era hermosa y por alguna razón sabía que era una pieza importante de todo este misterio.
— Voy a salir. — Derek me sorprendió observando el colgante y puso una cara de insertidumbre. — Si llega mamá me cubres.
— Ten cuidado.
— No te preocupes estaré en casa de Dru.
Me volvi a hechar a la cama y cerré los ojos, pude escuchar como la puerta principal de la casa se cerraba de un golpe. Derek se había ido por un rato y mamá llegaría más tarde o probablemente mañana, estaba demasiado cansada para seguir pensando y poco a poco fui quedándome dormida.
— ¡Señora Elissa! ¡Sueltenme!
Sentía un frío escalofriante y mi cuerpo se encontraba tendido en la habitación principal de aquella mansión. En las escaleras la policía tomaba a un hombre que gritaba varias veces el nombre de la señora Elissa.
— No la mate...
En un parpadeo me encontraba ya en otro lugar oscuro y solitario observando al mismo hombre ahora en posición fetal junto a la pared, susurrando un par de palabras.
—No la mate, no la mate ¡No la mate!
Gritos y recuerdos venían a mi cabeza como una ventisca y en ellos la agonía y dolor se presentaban punzante con cada recuerdo de ese hombre.
— Venga señorita Elissa, usted también puede aprender.
La situación dio otro vuelco y ahora me encontraba en la mansión, viendo a través de unos ojos que no eran míos y ocupando un cuerpo que no me pertenecía. El hombre a quien unos segundos atrás vi sollozando se encontraba ahora sentado frente al piano del segundo piso con la mano extendida hacia mí.
— Aprecio tu esfuerzo, pero el músico eres tu. —escuche salir la voz de mi interior pero no era yo la que hablaba. — Disfruto escucharte, y deseo con ansias que los invitados aprecien tu arte tanto como yo.
— Si ese es su deseo aceptare cumplirlo gustosamente señorita Elissa.
— Toca para mi una vez más por favor.
Vi a través de esos ojos como me acercaba hasta el hombre y como aquella melodía que ya había escuchado antes se comenzaba a hacer eco en mi cabeza a medida que el hombre tocaba los acordes en el piano. La imagen se desdibujó nuevamente dejándome a oscuras en la nada. A lo lejos, observé el vayven del colgante apenas visible en aquella bruma y una voz susurraba algo que no podía entender.
— ¡No entiendo nada!
Intente gritar pero sentía que mis palabras no salían de mi boca. Todo quedó en silencio y el colgante desapareció en la nada, nuevamente solo había oscuridad. Respire profundo y cerré los ojos un segundo; al abrirlos, la imagen de la señora Elissa estaba frente a mi toda golpeada y arañada. Un escalofrío recorrió mi espalda y sentí un temor indescriptible, pero justo antes de pensar en salir corriendo de allí, la señora Elissa tomó mi mano y me entregó el colgante
— Ocúltalo, yo estaré bien.
Historia y contenido realizado por mi persona. Músicas, artistas varios en enlaces.
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