Un Sueño para Eliana
Capítulo I: Lo que soy.
Siempre quise entender el por qué yo existía en este mundo, pensaba en mis amistades, las relaciones de familia, los problemas, mis intereses, los intereses de los demás, pensaba en cada situación y sentía que de alguna manera yo era diferente a ellos, pero ¿En qué? Quizás era un poco introvertida pero no por eso dejaba de soñar, no por eso dejaba de ser feliz, me sentía bien con cada cosa que hacía, sin embargo, el transcurrir del tiempo me hacía ceder ante esa forma de pensamiento automatizada, el sistema estructurado y “correcto” planteado por mi padre y profesores invadía mi mente, cada día mi vida se hacía más vacía y monótona de alguna forma.
Recuerdo que fue a partir de mis doce años que comencé a ver todo desde un punto diferente, de alguna manera, el logro eso.
Me encontraba distraída, una vez más volando en el pensamiento justo en el momento en el cual el profesor preguntaba algo a la clase. No tenía nada que decir puesto que en mi cuaderno no hacía más que dibujar, y eso a los profesores no les agradaba mucho.
A mi alrededor todo era risas, me sentía estúpida compartiendo en un sitio como ese, en mi furia tome lo que quedaba de mis cosas y corrí fuera del aula, el profesor grito algo pero no di tiempo a escucharlo, no quería saber nada más de esa universidad por el día de hoy.
Afuera, las calles y avenidas se convertían en un entretenimiento visual en el cual las personas, edificios, estructuras y animales calmaban mi estado, era una buena forma de sosegar todo lo que sentía. En una vieja calle de la cual no recordaba el nombre observé un letrero de tonos rojizos y cobre que recitaba “Delorian Coffe and Library”, el lugar me pareció muy familiar, tan familiar que pude recordar a mi abuela trayéndome un par de veces a este lugar. Recuerdo que al llegar nos acurrucábamos en un viejo sofá y tomábamos una taza de chocolate mientras leíamos un buen libro, era especial; en aquel entonces creo que la única persona que lograba entenderme era mi abuela.
Sin darme cuenta me encontraba dentro del establecimiento, no sabía cuantos segundos o minutos llevaba allí pero empezaba a volver a la realidad. Era tal como lo recordaba, una vieja estantería llena de libros, un juego de muebles verdes que hacían perfecto juego con el color opaco de la madera del suelo y los cuadros de paisajes en las paredes, además, las butacas en la barra seguían allí, esperando por aquellas personas que solo pasaban a tomarse un refrigerio. En su sencillez tenía un cierto encanto.
Abandoné el establecimiento y continúe caminando a casa, era estúpido estar allí, mi abuela había muerto hace varios años y el simple hecho de volver ahora sola no me devolvería aquellos días. Ya en el vecindario me imaginé la respuesta de mis padres, era inevitable esperar un regaño de parte de ellos por haber faltado a clases, de seguro el profesor Fred había hecho la queja por teléfono.
Ignoré la situación, la monotonía en las palabras de mi padre ya no causaban ningún efecto en mí, solo subí los escalones haciendo oídos sordos de lo que ya se convertía en una discusión entre mamá y papá. Al entrar a mi cuarto, observé sus paredes que a pesar de ser blancas se encontraban recubiertas de dibujos, imágenes, garabatos, palabras, llenas de ideas y de la esencia de lo que realmente soy y lo que deverdad quiero, lo que representó.
En un cuaderno comencé a recrear aquel lugar que había visitado, aquellos tonos opacos, aquella estantería de libros tan vieja y llena de polvo pero que a su vez poseía tanta vida, conservando cada detalle, hasta el más mínimo rasgón de la madera que recordaba en mi cabeza lo representaba en trazos, hasta la misma imagen vaga de aquella mujer que tanto me entendía acompañada por una pequeña y risueña niña lo plasmaba en matices y papel, el dibujo me distraía de la realidad transportándome a un mundo artístico poco conocido. El mundo que de verdad quiero, el mundo que quizás debería recuperar.
La historia es completamente de mi autoría.
Imágen cabecera: fuente