Un sueño para Eliana
Capítulo II: Phantom.
— Eliana cariño despierta. —escuché una voz suave al despertar, a su vez, sentia como me acariciaban por el hombro.— Amor debes despertar, son casi las ocho.
Abrí los ojos y observé a mi madre que ya se levantaba para salir de la habitación ¿Acaso había sido un sueño? Tome la libreta que yacía en el suelo, hojeé las páginas y esperaba encontrarlo allí todo lo que había plasmado, mi felicidad no fue un simple sueño no podía serlo, un segundo después encontré aquel dibujo en el que tanto me esforcé y sonriendo un poco lo colgué cerca de la imagen de un viejo amigo, era extraño ver como existía un lazo entre ambas imágenes. Me dispuse a bañarme y prepararme para salir a caminar un rato antes de ir a la “cárcel” de estudios en la Universidad de Derecho.
Salí de la casa y tomé el primer bus al centro, ya allí decidí acercarme a la Puerta del Sol, era un lugar que me gustaba mucho y el cual frecuentaba bastante. Me senté a observar la estatua de Ecuestre de Carlos III , una escultura de nueve metros de altura, realizada por Miguel Ángel Rodríguez y Eduardo Zancadade, era una hermosa obra de arte. Sus colores y estructura artística me fascinaba de una manera extraordinaria, lastima que ha mis padres no les gustara esas facetas mías.
Phantom, era un chico que conocí cuando tenia apenas 12 años, se podría decir que crecimos juntos, pero ahora estábamos un poco distanciados, ya no podía verle debido a las clases. Su forma de ser era como la de un ave, sintiéndose libre y haciendo lo que quisiera cuando le conviniera, recuerdo que aquel día en el que murió la abuela él estaba en la estación de autobuses que mi familia solía tomar para ir a casa, entonces, fue la única persona capaz de sacarme una sonrisa aun sabiendo lo mal que me sentía, desde esa vez y por mucho tiempo nuestros encuentros fueron aumentando de manera accidental hasta que un día decidimos compartir ciertos lugares comunes para encontrarnos y charlar más seguido.
Aun así, Phantom era un chico muy misteriosos a pesar de su carácter extrovertido y alegre, nunca fue capaz de decirme su verdadero nombre ni aportarme algún otro dato que me revelara más de él, también decía que cosas como que el nombre, edad, o dirección eran datos mortales innecesarios pero, aun así, sabía que sería una muy buena persona con la cual compartir.
Se formó un silencio profundo entre ambos, no entendía si era algo que ocurría en mi mente o si en verdad la plaza había quedado en silencio. Un escalofrío recorrió toda mi espalda y sentí como la voz de mi conciencia hablaba y decía que Phantom tenía razón.
«Este chico es increíble…» pensé, observando como lentamente Phantom se alejaba de mí, su forma de ser, su forma de ver las cosas, todo, era lo que yo quería para mí, pero ¿Por qué no me atrevía a buscarlo? ¿Por qué tenía miedo a ser yo misma?
Era hora de intentar un cambio, no podía esperar un año más, no ahora.
Ya hacía un mes desde aquel encuentro, no he vuelto a ver a Phantom y no he logrado cambiar en nada mi actitud. La noche siguiente a aquel día quise hablar con mi familia, pero mi padre estaba muy pasado de tragos y mi madre se encontraba encerrada en su habitación, tal vez llorando, no lo sé, simplemente no tuve la fuerza para enfrentar a ninguno de los dos y termine dejando todo como estaba, dominada por esa vida vacía que había estado llevando, sin siquiera permitirme a mí misma luchar por un cambio.
La historia es completamente de mi autoría.
Imágen cabecera: fuente