Hola Queridos amigos de Steemit, les comparto la segunda entrega de la serie de cortos “Romance entre Midas y Medusa”, si no has leído la primera parte te invito a leerla haciendo click aquí “Romance entre midas y Medusa (parte I), espero las disfrutes tanto como yo lo hago al escribirlas. Un abrazo.
Romance entre Midas y Medusa (parte II )
Natalia caminaba entre los puestos del mercado, era ligera, fresca, sonriente, se escabullía entre cada puesto saludando a los mercaderes, ella era así, como un avecilla salvaje, su tez blanca y sus cabellos rojizos que siempre llevaba en un sinfín de trenzas alborotadas habían hecho que sus amigos le colocaran el nombre de “La Medusa”, era espontánea, era una guerrera, la vida la había obligado a serlo, sus padres habrían partido muy rápido y le tocó hacerle frente sola en esa gran selva de concreto, cada día debía salir a la calle para ver cómo sobrevivir… su aspecto liviano, su cuerpo menudamente perfecto y su cara casi de ángel confundían a muchos hombres que se habrían acercado a su vida para cortejarla.
Ese día llovía mucho, y ella trataba de buscar un refugio, entonces se dio cuenta que alguien la seguía, conociendo la ciudad mejor que nadie fue buscando la manera de observar a quién la acechaba, y allí fue que recordó haberlo visto en la cafetería donde solía ir, justo en el momento preciso, lo abordó, que risa ver la expresión de susto de ese caballero, él era todo lo que siempre había soñado, perfecto,bien vestido y olía muy bien, así que sin dudarlo le invitó por así decirlo a aquel café.
Eran las 8:30 de la mañana del día siguiente, ya Alberto estaba sentado en una de las mesas del café, pasaba de manera nerviosa su lapicero de un lado a otro entre sus manos.
-Respira- se decía a sí mismo, - ¿qué tan difícil puede ser una cita? -
Se abrió la puerta de la cafetería, era ella, su cabello escandalosamente desordenado le confería tanto a su extraña belleza, el corazón de Alberto se aceleró.
Natalia “La Medusa” saludó al joven que atendía en el café, este le devolvió una mirada extraña al tiempo que movía su cabeza hacia los lados haciendo un gesto negativo, como diciendo “te conozco”… Natalia lo ignoró y llegó directo a la mesa donde estaba Alberto.
-Hola- dijo ella- sentándose frente a Alberto, ¿Ya ordenaste nuestro café favorito?- preguntó.
-Es…es…este, claro ya voy – dijo Alberto tartamudeando.
-Entonces- ¡que comience la función!, dijo Natalia riendo.
El no entendió la frase, pero trató de reír para bajar la tensión.
Para Alberto mirar los ojos de Natalia fue la experiencia más intensa de su vida y no se imaginaba que aún había tanto por vivir. A partir de ese día su café supo diferente.
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