Buen Steemit para todos, “creando creando ando”… y por aquí les dejo la parte I de la serie de cuentos cortos “El Parque”, espero les guste y la disfruten. Invitándolos a nunca dejar de soñar y a permitir que esa gran fuente de creatividad y originalidad llene su vida cada día.
Imagen propiedad de la autora
El Parque (Parte I)
Comprada la entrada no quedaba más que pasar a disfrutar de las atracciones, Santiago tenia años sin entrar a uno de esos parques, recordaba sus experiencias de niño muy vagamente (o tal vez él no quería recordarlas), total ya estaban allí y solo quedaba pasarla bien.
Iba con lentitud por los angostos caminitos que comunicaban una atracción con otra, observaba con cierta desconfianza alguno de los aparatos y se decía a sí mismo:
- - "Ya con 43 años no deberían darte miedo”-
Aún tras estas palabras de conversación interior sentía un ligero cosquilleo en el estómago.
Vio como Manuelito, su hijo de 6 años, corría directo hacia el carrusel, se veía emocionado, y aunque tenia algo de nervios decidió acompañar a su tesoro hasta aquella atracción que no le traía buenos recuerdos, por nada del mundo le heredaría sus miedos a su hijo.
Allí estaban, él montando a su hijo y viéndolo feliz, mientras por el parlante se escuchaba esa canción infantil casi chillona que parecía de película de terror. La muchacha encargada le pidió bajarse del carrusel recordando que era sólo para niños.
El círculo de caballitos andantes en la nada comenzó a girar, y cada cierto tiempo Santiago veía desaparecer a su pequeño detrás de los espejos, eso le causaba cierta angustia, pero respiraba cuando este aparecía con una gran sonrisa sobre su caballito de color verde.
Una vuelta más y todo terminaría, con lentitud el piso circular del carrusel fue bajando velocidad, igual que la canción que ya le traía medio molesto, una última sonrisa y la mano de su hijo saludándolo, por mala suerte al pararse del todo el carrusel, el niño quedó del otro lado de los espejos; a Santiago le invadió una sensación de terror, sin pensarlo comenzó a correr hacia el otro lado del carrusel… y como lo temía su hijo no estaba.
Santiago sintió su mundo desmoronarse, empezó a buscar al hombre disfrazado de payaso, no podía haber sido nadie más.
- -¿Dónde estás? ¡Devuélveme a mi hijo, a él no, a él nooo!- gritó mientras caía de rodillas en el suelo.
Las personas del parque lo miraban con asombro, incluyendo a Manuelito y a su madre que regresaban de comprar un conito de palomitas de maíz.
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