Eros y yo
Cierro el libro que tiene mi atención esta semana, voy quedándome dormida y justo al filo de mis sueños tu imagen se cruza por la puerta de mi cuarto, mis ojos entreabiertos para no salirme del ensueño de tenerte cerca.
Siento tus pasos que recorren el lugar y escucho caer la hebilla de tu correa sobre el piso, entonces presumo que te has quitado la ropa.
Recorres mi espalda con tus manos y cómo buen excursionista haces una carpa entre mis sabanas donde nos refugiamos hasta el amanecer venciendo el frio del invierno que huye ante nuestro encuentro. Se abre una ventana y el ruido del choque contra la pared me despierta, y Eros se ríe porque otra vez ha burlado mis sentidos y sólo ha sido un sueño donde de vez en cuando te hace el rey de mi destino.