Memorias de un Ángel caído (final)
Todo era blanco en aquel lugar, se sentía la nostalgia por la falta del calor de los cuerpos caminando por las calles, cada flor dormía en el refugio de la esperanza de volver a renacer cuando la naturaleza lo decidiera, y allí estaba ella. Vestía el abrigo que le habían regalado hace poco, era increíble que luego de tantos días en ese lugar, sólo uno de ellos la hubiese reconocido. Tanto había entregado, tanto ofrecido… Era domingo, casi nadie salía ese día; por eso es que no la notaron caminando hacia el lago, iba tras un pájaro extraño, ella recordaba haberlo visto en el lugar donde había perdido sus alas, cada segundo que lo tenía más cerca, sentía muy adentro que quería volver; y allí estaba, a unos escasos metros del pequeño , no sabía si tomarlo entre sus manos o comérselo por el hambre que había pasado esos días; dio unos pasos y el hielo se quebró… ambos cayeron en el agua helada, sintió cómo la sangre paralizaba su recorrido y todo su cuerpo dejaba de responder, allí estaban sólo ella y ese pequeño pájaro, lo veía luchar para salir, entonces lo único que le quedaba de calor en su alma la llevo a tomarlo y sacarlo a la superficie…Ella ya no podía más, fue cayendo en un sueño profundo…pero sintió que ese último acto valdría la pena luego de todo lo vivido.
Eran las 9 de la mañana del día siguiente, El jardinero del Lago llamó a las personas que andaban por el lugar, había una mujer dentro del lago. Un hombre con sombrero y sobretodo negro se acercó, su cara de asombro luchaba con la rabia que también reflejaba. La veía, allí, congelada, hizo tanto para ganarla…miró al cielo y en una mirada de odio expresó: Me ganaste otra vez!
Encendió un cigarrillo y se fue a recorrer el próximo Edén en busca de un nuevo ángel.
“La muerte hace ángeles de todos nosotros y nos da alas donde antes teníamos sólo hombros... suaves como garras de cuervo”. JIM MORRISON
UN ABRAZO
MONARCA AZUL