Hola amigos de Steemit, infinitos mundos y posibilidades caben en el alma de quién deja que la creatividad sea su dueña, aquí vamos en esta gran comunidad compartiendo lo creado, lo vivido, lo soñado, hoy traigo para ustedes la serie de cortos “El confesionario”, una serie hilada en muchas historias donde mi mente se ha explayado en plasmar en palabras lo que he imaginado. Espero las disfruten.
Para que puedas seguir la historia te invito a leer:
Confesión No.7
“Llega el día donde nada importa más que satisfacer tus instintos, donde ese impulso animal que llevamos dentro sale para demostrar que es más fuerte y es cuando en la balanza los placeres pesan más que el miedo por sentirte juzgado… y sé que lo has vivido como yo”
Ya habían pasado 5 meses desde la muerte de Don Miguel, el pueblo poco a poco iba tomando el ritmo natural de las cosas, aunque con menos algarabía las personas trataban de ir mostrando un poco de alegría en sus labores diarias.
Luisa se había vuelto una ferviente colaboradora de la iglesia, y tenerla cerca por tanto tiempo había hecho que creciera en mí una atracción sin precedentes, sin embargo mi lucha por no mostrar tal desviación siendo yo un cura me había costado la mayor de mis fuerzas.
Esa tarde decidí dar mi paseo a la playa, y esta vez sin intenciones de conseguirla, la vi allí jugando entre las olas, con una túnica casi trasparente que me mostraba su cuerpo como el mejor regalo para mis ojos, ella no se percató de mi presencia, así que tuve mucho tiempo para observar cada uno de sus detalles e imaginarla sin lo poco que llevaba puesto.
Me retiré del lugar sin ser visto, y al llegar a la iglesia me invadieron un sinfín de pensamientos, planes que mi mente quería realizar pero que mi alma sabía que eran aberrantes.
Cada vez esto tomaba más fuerza en mí y no fue hasta esa tarde al escuchar la confesión de Doña Carmen que decidí darle acción a mis deseos.
Ella llegó ese día a la iglesia y me pidió que la confesara, así que cumpliendo mis deberes no tuve otra opción que escucharla.
-¡Perdóneme padre, porque he pecado!-comenzó diciendo.
-¡Habla hija que tu siervo escucha!-dije suspirando.
“Padre, sé que en mi última confesión Ud. no supo catalogar mis pecados, y aunque he tratado de solventar la situación, creyendo que lo arreglaría, todo ha empeorado, le cuento: hace tres meses decidí hablar con Juan Pablo y enfrentar el hecho de que lo que estábamos haciendo con su cuidador estaba mal, así que de tanto insistir el decidió salir del muchacho y en su defecto contratar una enfermera para que lo cuidase, ella es una chica joven de 25 años de edad, y realmente sus trabajos de cuidadora los hace a la perfección, solo que un día entré a su cuarto y descubrí que Juan Pablo la estaba usando para que de alguna forma le diese placer oral, yo me quedé inmóvil, pero él me invito a pasar al cuarto con su voz autoritaria y con ese brillo maquiavélico que tiene en los ojos empezó a dirigir sus nuevos planes, así que me ordenó que me acercara y que poco a poco le fuese quitando la ropa a la enfermera, y nos ordenó que frente a sus ojos ambas comenzáramos a prodigarnos besos más que normales, terminamos así acariciándonos y besándonos frente a él ,rozábamos nuestros senos, mordíamos nuestros labios, cada una recorrió con su lengua el cuerpo de la otra, mientras que el prácticamente se babeaba de placer observando cómo nosotras teníamos el sexo más intenso que yo he vivido en mi vida, a partir de allí, ella y yo nos encontramos a cualquier hora dentro de la casa y buscamos darnos pequeños momentos de placer, descubriendo que puede ser infinito y creo que he descubierto que me gusta. ¿Qué hago ante esto que estoy descubriendo? ¿Qué pecado supondría estar con una mujer? ¿Eso cabe dentro del adulterio mientras sea tu esposo quien te lo pida?...Ayúdeme padre por favor, mi alma y mi cuerpo están confundidos."
¿Ya me estaba acostumbrando a escuchar este tipo de confesiones? ¿Ya estaban calando en mí todas estas sensaciones al punto de verlas como naturales? ¿Qué podía decirle? Le di su penitencia como quién hace algo en automático, salí del confesionario y mi cuerpo me llevó directo al almacén del pueblo donde entonces me encontraría con la persona que sería mi cómplice en la ejecución de mis planes, esos que ya no podía postergar un día más.
Definitivamente nuestros sentidos son las ventanas de nuestra alma, y cada cosa que dejamos entrar por allí constituye nuestro alimento, yo había dejado entrar mucho más de lo que mi sentido común podía batallar, y mis instintos ganaron la batalla. Lo próximo que sucedió es lo más terriblemente hermoso que hice en mi vida, pero lo contaré después. Hoy lo dejaré hasta aquí, mis manos ya están cansadas de escribir. Atte El Padre Andrés.