Saludos a todos los integrantes de este gran ecosistema llamado @Steemit, hoy deseo participar en el concurso patrocinado por en el siguiente enlace.
Gerardo estaba cenando en un lugar de la carretera, había salido de Maracaibo y se dirigía al estado Guárico, en un pueblo del llano venezolano, eran más de 16 horas de camino, manejaba una gandola pequeña y lo habían mandado solo, llevaba apenas 8 horas manejando y decidió pararse a comer. Miro la hora y eran 11 de la noche y estaba cansado.
Mientras esperaba que le entregaran su comida, hacía ejercicios de estiramiento, tenía más de 20 años sin hacer este tipo de trabajo y el cansancio le pegaba, cuando era joven había aprendido ese oficio por su padre, pero cuando cumplió 26 años decidió dejarlo, se había casado, acababa de nacer su segunda hija y quería un trabajo estable. Ser chófer de gandolas implicaba muchas horas de manejo en carreteras, días sin ver a su familia y no le gustaba ese tipo de vida, pero por necesidades económicas, tuvo que retomarlo.
- Puedo sentarme en su mesa señor (pregunto la chica).
- Sí, claro, sientese (respondió Gerardo).
- Hacia dónde va señor, si se le puede preguntar.
- Voy hacia un pueblo llamado Socorro en el Estado Guárico señorita.
- Usted me puede dar la cola señor, si no es mucha molestia.
Gerardo se sorprendió, era una muchacha muy bonita, sola en su mesa, miro en ambos lados y solo estaban pocas personas en el sitio, todos pendientes de su comida, muchos somnolientos, le extraño esta proposición de la muchacha, así que le respondió:
- Pero, ¿Usted viaja sola señorita?
- Sí señor, mi nombre es Casilda y casualmente voy para ese sitio.
- Bueno mija, yo la puedo llevar, no tengo problema, pero me espera por favor que termine de comer porque tengo mucha hambre
- Señor, de casualidad su vehículo es esa gandola azul (señalo la muchacha).
- Sí, es ese.
- Mire mija, yo voy para esa zona, no tengo problema en llevarla, pero solo la voy a llevar, oyó. Sí usted está buscando otra cosa, conmigo no, mírame estas canas, yo ya estoy mayor y menos con una carricita que puede ser hija mía.
Gerardo vió como la muchacha se sentó con otro señor más joven que él, de aproximadamente 35 años, el hombre se la devoraba con los ojos. Gerardo pensaba, que bonita la muchacha y que lastima que este en el oficio más viejo del mundo, se parecía mucho a sus hijas y dio Gracias a Dios de que ha podido mantenerlas para que no tuvieran que emprender ese oficio. Gerardo termino su comida, fue al baño y procedió a retirarse.
Se fue a su gandola, le rezo un padre nuestro a Dios tomando su cruz, que siempre tenía guindada en el espejo retrovisor, al terminar la oración vio como la muchacha se subía al carro del otro chofer. Los dejo retirarse y después arranco su gandola, al poco rato de estar en carretera puso música, una copla llanera que narraba la historia de la Sayona, le gustaba escuchar la música y no le prestaba atención a la letra. En eso vio como el carro estaba estacionado en la orilla de la carretera, en pleno matorral y a lo lejos vio la figura de la muchacha con el chófer caminando hacia unos arbustos, le llamo la atención que la muchacha le saludo con la mano desde lejos (¿Cómo me puede ver? pensó Gerardo). El le pito con la bocina de la gandola en señal de respuesta y siguió su camino.
Lo que no sabe Gerardo es que ese señor no llego, que al día siguiente en ese monte lo encontraron muerto, al parecer de un infarto cuando se paro en la carretera a orinar, nadie del restaurante recuerda haberlo visto acompañado, siempre estuvo solo. Gerardo no sabrá nunca que la
Esta historia fue inspirada en la leyenda latinoamericana denominada La Sayona, mujer celosa llamada
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