Su risa sigue resonando en mi cabeza, la risa de la chica que no solo sueña con tocar el cielo, ella quiere vivir ahí.
Marcos, sentado al lado mío, duerme como la mayoría de los pasajeros. Yo en cambio me siento como ella, perdido en mis pensamientos, en las memorias de estos últimos días.
Le dije adiós sin querer dejarla ir. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Ninguno de los dos estaba preparado para vivir en la realidad. Los últimos días habían sido un sueño.
Una sonrisa débil se forma en mis labios mientras los recuerdos, aunque recientes, aparecen con nostalgia.
Mara me agarra de la mano, apretando un poco, como si no quisiese que la deje ir. Se acerca al borde, admirando todo desde las alturas. Otra vez parece estar lejos, fascinada por lo que ve. Ella ríe y sin darme cuenta su risa me contagia.
Esa tarde había encontrado algo nuevo en Mara, algo que confirmaba que seguramente no volvería a encontrarme muchas personas como ella a lo largo de mi vida, pero que también me decía que ella no estaba lista para bajar a la realidad.
Mara está sentada entre mis piernas, los dos miramos el atardecer. Refrescó un poco pero ninguno de los dos parece querer moverse.
– ¿Por qué no todos podemos tocar el cielo? –su voz casi un suspiro.
Me siento descolocado por unos segundos hasta que entiendo a qué se refiere. Hasta que entiendo a Mara. La abrazo y ella entrelaza mis brazos con los suyos.
Había descubierto que Mara no era solo una soñadora, era una optimista. Necesitaba vivir en las nubes porque esperaba mucho del mundo, y cuando la realidad la decepcionaba y sabía que no podía hacer nada el pecho le pesaba, necesitaba cargar todo en sus hombros. ¿Y cómo no sentirse decepcionado cuando siempre esperas lo ves y crees en lo mejor de cada uno?
Mis amigos empiezan a caminar hacia la camioneta que nos espera. Yo intento buscar la fuerza para despedirme de Mara. Creo que estoy enamorado, aunque sea solo de una ilusión, sé que podría llegar a amarla. Ella parece leerme como un libro. Me sonríe con ternura.
– Nos vemos –dice casi en un susurro.
La abrazo con fuerza sin querer que estos días terminen.
–Nos vemos –imito sus palabras ya que todo lo demás ya fue dicho.
Nos quedamos en esa posición unos segundos. Me separo un poco y le doy un beso suave, uno de despedida.
Nos separamos y Mara me empuja suavemente en dirección a mis amigos. Con ese gesto, me deja ir.
Cierro los ojos tratando de dormirme pero solo puedo pensar en la chica que me encandiló, verla riéndose parada casi al borde del abismo.
Luftmensch: Literalmente “persona aire”, se refiere a los soñadores.