Una contemplación socrática: "¿Es menos piadoso pecar con un ángel o rechazar esta maravillosa criatura?"
Esta es la historia de cómo Estrella de la Mañana pasó sus días luego de su exilio, y de lo que ocurría cada vez que se encontraba con su amor eterno, ''El Todopoderoso''.
Él sabía desde un principio que no tendría escapatoria de su belleza. La piel de esta mujer tenía un tono mediterráneo, sus ojos eran de un azul tan oscuro que asemejaban las profundidades del océano jamás exploradas. Una melena larga hasta las caderas, dorada como el oro más brillante y reluciente, que podría enredar a cualquier hombre o incluso mujer. Las facciones de su cara eran duras y transmitían tentación pero al mismo tiempo miedo. Sus curvas eran tan seductoras y peligrosas como una botella de licor en manos de un alcohólico, o el filo de una navaja esperando ser desplazada por la muñeca de una persona que no puede dejar de auto flagelarse. Pero no era su belleza lo que tenía encantado a este hombre, quizás el hecho de ser tan opuestos hacía que la atracción fuese inevitable. Donde ella iba empezaban disputas entre las personas presentes, la mayoría de las veces ni se trataban de ella, solo se daban naturalmente, como si estuvieran esperándola para ser despertadas. La envidia y la lujuria se encontraban a flor de piel y la mujer poseía un ''no se qué'' que ocasionaba que el ambiente se volviera tenso y hostil. Todo esto con tan solo verla pasar por algún bar, calle o parque. Siendo honestos, el lugar no tenía importancia alguna y no tenía siquiera que pronunciar palabra alguna para empezar una guerra. Él estaba muy bien advertido de este de ser, después de todo, fue él mismo quien la creo y exilió, pero nunca tomó previsiones en como se sentiría durante los milenios en donde se obligaban a mantenerse alejados. Después de todo era ella su favorita, siempre lo fue desde un principio.
Él en cambio era noble, honesto, bondadoso y los efectos que causaba en las demás personas era todo lo contrario a los que provocaba esta mujer. Era una sensación tan dulce y relajante como sentir el roce de una pluma por todo el cuerpo. El alcohólico botaría el contenido de la botella y el auto flagelador desecharía por completo sus navajas. Su físico era igual de tentador que el de la mujer, su cabello era azabache como las noches más oscuras, al igual que sus ojos. Su cuerpo era fuerte y cabría perfectamente en la descripción de ''El David'', escultura delirante de Donatello. Se decía que habían ciertas personas, sin importar el sexo, que entrarían en un estado de delirio al ver tal obra de arte.
El amor entre estos dos seres eran tan grande, que una vez cada tantos milenios, el planeta se convertía en ''Tierra de nadie''. Lo que ocurría cuando estos dos seres estaban juntos asemejaba a una de las mas grandes colisiones entre dos estrellas. El resultado esperado era simple, predecible, pero tenía el mismo efecto en las personas cuando no pueden apartar su vista de alguna tragedia. Les da miedo, pero al mismo tiempo lo ven como algo asombroso y único. Era el balance perfecto entre el caos y la calma. Esto terminaba en el fin y la desintegración de ambos de aquel plano, y eran obligados por una fuerza superior a regresar a sus respectivos lugares. Además, suponía el fin de la raza humana con cada encuentro.
Estrella de la Mañana, obligada a arrastrase desde el infierno, se encargó de desprender por todo el mundo odio, desesperanza, terror, hambre, guerras despiadadas y comportamientos vergonzosos y sádicos. Divagó el mundo entero una y otra vez, llegó a conocer cada rincón de todo el mundo, y tenía la esperanza de encontrar a su amado algún día y que éste la dejara entrar de nuevo en aquel lugar. Pero con el paso del tiempo su corazón se fue tornando oscuro, cruel y orgulloso. Con la esperanza que a través de este comportamiento, su eterno amor la buscaría por el mundo buscando justicia, para encontrarse al fin, saldar deudas, odiarse, amarse, desintegrarse, separarse y repetir el mismo proceso eternamente.
