
Me despierto sin bostezar, quiero descansar en tus brazos.
Me duermo sin bostezar, quiero descansar en tu alma.
Y así, pasan las horas, los días, meses y años; y encuentro en cada cuerpo desnudo, ese olor que me recuerda cada poro de ti, los gritos del amor, ensordecen mi alma que solamente quieren escuchar tu voz.
Busco en las nubes tu rostro, pero el cielo me regala un limpio firmamento escampado.
Quiero encerrar en mi alma los mejores recuerdos de tí, ya no me visto de blanco, porque arranca mi llanto, ya no existen flores en mi jardín, porque me recuerdan las espinas que solo quedaron de nuestro porvenir.
El sudor de tu frente empezó muy lentamente, el azul de tus labios, que besaba fuertemente para devolverles el rojo, y tus pupilas dilatadas me anuncian que llegó nuestro final.
¡Quiero atrapar tu alma y rogarle que espere un poco más!
Y aquí estoy, entre todos los recuerdos vividos, durmiendo desnuda en este crudo invierno, para contagiarme y acercarme más a ti; llega el verano y corro bajo el sol ardiente, para que un golpe de calor me acerque más ti; cruzo las calles sin mirar a los lados y me baño en mares de grandes oleajes y no logró perderme en ellos, solo para acercarme un poco a ti.
En mis sueños mojados, siento tu alma desnuda, y el susurro en mi oído: ¡mi amor, ya vive sin mí y déjame partir!