Me despierto y estoy en un nuevo mundo, en un lugar el cual ayer tenía en la palma de la mano y hoy desconozco por completo. Estoy loco, sí, así lo dicen los médicos. Mi cerebro no funciona como el resto, quizás por eso nunca he pertenecido a ningún grupo social. Quizás por eso se metían conmigo en el colegio, y a mis padres les resultaba tan difícil mirarme. Quizás esto era lo que necesitaba, que alguien me abriese los ojos a mi propia locura puesto que el primer paso siempre es aceptarlo. Y ahora lo sé, nací diferente. Soy diferente, pero a diferencia de los profesionales y el resto de pertenecientes de mi círculo vital, no creo que sea nada malo. Es más, comienzo a pensar que gracias a esta enfermedad no he caído en las garras de los convencionalismos básicos de la sociedad. No me he vuelto un ser dependiente de lo material y consumido por prejuicios y el famoso “qué pensarán”. Soy superior a eso. Me siento feliz, me siento yo. Creo que por primera vez en mi vida soy libre…