Apenas la mujer colocaba los pies en el pórtico de la casa e intentaba componer su cabello, cuando un hombre salió de la vivienda casi tropezando con ella. Aquel caballero frenó en medio de la calle y se dobló agarrando sus rodillas, permaneció unos segundos en esa condición respirando por la boca como si le faltara el aire. De pronto, alzó la vista y viró en dirección a la dama arregló un poco su ropa y avanzó lentamente hacia ella, mientras se aproximaba sacó un pañuelo azul de su bolsillo derecho y aprovechó para secar el sudor de la cara, sin embargo, el semblante mostraba espanto e incertidumbre, conjuntamente los ojos parecían despuntar de su sitio y la palidez había robado su color.
―¿Es usted Amelia Wilson? ―pregunta el individuo con la voz quebrada.
―Sí, soy yo ¿quién es usted? ―afirma y pregunta desconfiada.
―Me llamo Marcos y soy el encargado de la casa. Si le interesa comprar inmediatamente la pondré en contacto con el dueño ―dice observándola sin cambiar la expresión aterradora de su cara.
― ¡Oh caramba! Parece usted ansioso por deshacerse de este inmueble, me pregunto ¿guarda algún secreto del que quiera contarme? ― pregunta ella desconfiada.
―¡No! Disculpe estoy un poco... Bueno, todo está en orden tal como lo explica el anuncio de venta. De hecho observe la fachada de la estructura es hermosa y agradable, pero su interior es todavía mejor, quedará usted extraordinariamente sorprendida. ― dice Marcos tragando con dificultad.
―¡Suena pintoresco! Espero que así sea, ya que no suelen sorprenderme tan fácil señor Marcos. ― argumenta ella y deja escapar una risita.
―Entonces, sea bienvenida señorita ―dice y abre la puerta.
Al filtrarse a la casa, Amelia notó un ligero respingo en Marcos quien parecía prepararse mentalmente a la idea de hallarse ahí dentro nuevamente. Él cerró la portezuela y permaneció inerte observando y empuñando la manija resplandeciente, por la posición que mantenía trataba de disminuir la respiración. De pronto, Marcos viró con una mueca fingida y levantó la mano derecha señalando con cortesía que siguiera adelante.
En segundos los ojos de la señorita se cruzaron con una exquisita decoración que hacía juego con la sala, quedó fascinada y eso que apenas iniciaba el recorrido.
―Por acá señorita, tome asiento mientras voy por dos tazas de café ya sabe lo que dicen, para hacer buenos negocios hay que compartir un buen café ―manifiesta él con tono seductor.
―Oh, supongo que es parte de su estrategia para convencerme de adquirir la residencia. ―dice ella y ríe a carcajadas, mientras levanta una ceja.
―Exactamente señorita, es mi mejor arma. Regreso en un instante, por favor siéntase como en su hogar. ―exclama Marcos dejando la estancia con una risita odiosa.
Amelia permanecía serena, pero en el fondo estaba ansiosa por explorar la casa, quería entrever si de verdad costaba lo que pedían por ella. Así que avivadamente se levantó y dio un vistazo a cada objeto y escondrijo de donde estaba, sintió agradó por lo que veía.
Por un instante cerró los ojos y se concentró en escuchar el eco que producía la propiedad.
Luego regresó a su asiento y sacó una pequeña libreta de su abrigo, intentaba hacer algunas anotaciones, cuando un pájaro chocó con el vidrio del ventanal e hizo que ella olvidara las líneas que iba a plasmar.
―¡Oh rayos! ¿A dónde fueron todas las ideas que fluían hace unos segundos en mi cabeza? ―se cuestiona y agrega ― ¡estúpida ave!
Repentinamente, un frío tentó su dorso, y la señorita Wilson se percató de una presencia, luego mordió sus labios intentando descubrir la identidad de quién la acechaba.
― ¡Caramba! puedes percibirme, qué interesante...¿qué clase de ser eres? ―susurra una voz con tonalidad despreciable.
―No pertenezco a ninguna clase, solo soy un ser humano con la autoridad de concebir o escuchar presencias que ya no pertenecen a este plano, incluso podría verte si tú lo permites ―expresa Amelia de forma tranquila mientras sus ojos intentaban revelar quien le habló.
―Oh, es la primera vez que un visitante no me teme, por lo general no suelo producir ese efecto en los demás, tú pareces diferente ―exclama la vocecita burlona.
―No logro impresionarme tan fácil, estoy familiarizada con este tipo de experiencias. Digamos que estoy acostumbrada a toparme con entes que dejaron asuntos pendientes. Además soy un imán que logra confundirlos y eso se debe a mi alma, ya que no es perceptible y representa un enigma para ti o aquellos que vagan en este mundo y el más allá. ―Explica Amelia sin expresión en el rostro.
De repente, su vista se cruzó con unos ojos rojos, una figura colgaba de cabeza aferrándose con las garras de los pies a una lámpara. Su apariencia era similar a la de un hombre estaba desnudo y poseía unas alas que sobresalían de su lomo, además tenía una blanca y larga cabellera, que se movía suavemente con la corriente de aire que se colaba en el recinto. Aquel espectro la observaba con malicia y sonreía con arrogancia, parecía retarla o insinuarle planes macabros que tenía en su contra si se quedaba por más tiempo en el lugar.
―Oh, has decidido mostrarte ante mí ― dice la señorita Wilson, observando cada pormenor del misterioso personaje.
Inesperadamente, el chirrido de una puerta desvió la atención de la chica, quien vislumbra al encargado aproximarse con una bandeja plateada y un juego de tazas hermosas, inminentemente el aroma a café se adueñó de la sala. Faltaba un par de pasos para alcanzar la mesita donde se coloca el té, cuando Marcos se paralizó y soltó la bandeja, él se veía más asustado que al principio, incluso frotaba las manos y hombros con desesperación.
―¡Rayos! Discúlpeme señorita Wilson, de pronto sentí un escalofrío que taladró mis huesos no pude conservar la bandeja. Termino de recoger este desastre y haremos el recorrido, no le haré malgastar su preciado tiempo ― dice y se estremece Marcos mirando a todas direcciones.
―No, no hace falta buen hombre contacte al dueño y preparen los documentos que sean necesarios, estoy dispuesta a pagar lo que sea por esta casa, la quiero hoy si es posible.
―¡Espere un minuto! ¿Comprará esta casa sin verla antes? No lo entiendo, creí que al regresar usted quizá... Bueno, haría lo mismo que hacen todos los que entran o intentan comprar. Es decir, salir corriendo ―expresa estupefacto el hombre.
―¿Correr? Por supuesto que no. Quiero obtener esta casa es justamente lo que busco, aquí podré trabajar en lo que me apasiona. ―dice y dirige la vista hacia la lámpara en la cual sigue colgando la criatura. Esta sonríe y abre la boca, mostrando una cantidad considerable de colmillos.
―Disculpa mi ignorancia y mi falta de respeto, pero de verdad no logro entenderte, podrías decirme ¿en qué trabajas? como para que esta casa pueda serte útil, sabiendo tú que no está completamente sola. ―pregunta Marcos llevándose las manos a la cabeza.
―No hay nada que entender, soy escritora ― dice Amelia Wilson y comienza a reírse con extremada locura