Divino lucero.
Déjame alcanzarte,
y haz que tu lucero
se acerque a mi techo
volviéndolo cielo,
y que yo te toque
el rostro y el pelo,
y mire las luces
de tus ojos bellos.
Déjame alcanzarte,
que mucho yo quiero
sentir tus miradas
de esplendores ciertos,
y llenar tu tiempo
de luz y de sueños
para que jamás
oigas el silencio,
pues también aspiro
tornarse tu cuerpo
en felicidad
en todo momento.
Déjame alcanzarte,
divino lucero.
Autor: Landis Rafael Álvarez Lecumberre
¡Qué bonito es ser poeta en este hermoso universo
para decir todo en verso desde la a hasta la zeta!