El viento sopla una y otra vez. Tus dedos se mueven, tan distantes, tan incuestionables, acarician los míos. Tus ojos son galaxias que me invitan a posarme como una de sus estrellas. Mi sistema responde a tu mirada, y a las pequeñas pero fuertes palabras que me lanzas al corazón. Tan poquito, tan bonito, tan apasionado y poco interesado es tu amor; lo veo venir, se aproxima, con cada detalle que el universo me entrega a través de ti. Sólo a través de ti. Entra en mi piel, no arde; me abre el corazón sin anestesia y no arde. Algo no grotesco que mis poros expresan. Que tu mano se pose sobre la mía es un viaje sin retorno a mundos donde sólo las mariposas regalan flores. Con un volcán cocinando a fuego lento y un olorcito dulce nadando en el aire, combinándose con nuestros sueños hechos uno.
El mundo se cae. La tierra levita en fragmentos hacia la incontenible nada. La oscuridad asciende, me consume y me sumerjo en las peores pesadillas. Me he perdido. El suelo árido florece, la luz vuelve, consigo el calor de tu aliento en mi cuello y tus brazos rodeándome.
Y no te alejas, tu amor me conquista, me reclamas tu pertenencia. Y es contigo que mi felicidad es perpetua, nada más contigo es que tengo camino, y sólo es contigo es que me sentiré en paz.
Por toda la eternidad.