Mi madre era de aquellas mujeres que se preocupaba por mí, siempre estaba al tanto de mi salud, me revisaba por las mañanas para ver si tenia fiebre o no. Ella preparaba una comida bien deliciosa y saludable, también íbamos juntos a la escuela.¡Oh que gratos recuerdos! Lastimosamente un día, unos hombres encapuchados vinieron a por mí. Solicitaban a mi madre para que yo me dirigiera a los campamentos de la milicia. Mi mamá intentó detenerlos pero recibió un golpe por parte de esos hombres.Era todavía un niño y ya estaba disparando con un rifle, me enseñaron distintas formas de matar. Yo no quería hacerlo, lo juro. Pero ellos decían que debíamos derramar sangre por la patria.Pasaron los años y me pusieron al frente. Ya no era el niño llorón que ellos conocían, ahora era un adulto con ansias de sangre. Pude observar como una lluvia de balas pasaban entre nosotros, En ese momento aproveche para huir por las colinas.Llegue y noté que mi pueblo estaba cambiado, me preocupe al llegar a mi antigua casa, pero supe de inmediato quien me recibió.Lloré. Ella me esperó y yo volví a sus brazos.