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Desde que llegué a esta ciudad, los sentimientos y las preocupaciones iban y venían. La incertidumbre siempre se ha mantenido muy cerca de mi, pero si me preguntaran qué es lo más difícil que has tenido que pasar en estos 4 meses y medios fuera de casa diría, sin duda, que mis últimos 15 días.
Trabajaba en un restaurante, en donde mis días pasaban rápidos y monótonos, sentía que todos era igual: Las mismas personas, el mismo lugar, levantarme con la misma fuerza para soportar algunas humillaciones y seguir sonriendo dejándolo pasar. Sin embargo una mañana cualquiera, me levanté con una extraña fuerza de dejar de lado esa vida, creer en mi y en mis capacidades, y sin planearlo salí de ese lugar.
Hubo mucho miedo, llanto, no fue la mejor manera de salir, tampoco me esperaba que fuera tan deprisa y mucho menos me imaginaba lo que se venia. Me arriesgué y decidí emprender trabajar para mi y sin jefes, pero la ecuación no fue la mejor de todas , ni en el mejor momento.
Los primeros días fueron esperanzadores, los siguientes ya no tenían ese sentimiento. Empecé a sentir mucho miedo, nuestros ahorros empezaron a terminarse, y habían días en los que no quería levantarme por el simple hecho de que no quería afrontar la realidad.
Era una joven con pocas preocupaciones, feliz, con un trabajo de mi área, con viajes todos los fines de semana, salidas al cine; era muy muy cómoda mi vida, pero de la nada no tenia ni un peso, el arriendo se acercaba, y mi depresión engrandecía. Un resumen de lo que pasa a ser tu vida cuando eres inmigrante.
¿Cómo salí de esos días? Con apoyo de mi familia, y teniendo fe. Creo que esos días me hicieron crecer mucho, me hicieron ver algo que no terminaba de entender. Aun recuerdo ese período de tiempo y me da pánico volver a el, pero me enorgullece que la vida me haya puesto ese reto en mi camino en el que me di cuenta de que estoy hecha y de que no me voy a rendir por más difícil que parezca.
Días después he reflexionado qué fue lo que hice mal, o por cuál razón no funcionó, lo que a muchas personas le ha solventado sus días en otro país, creyendo en ellos mismo y sin miedo. Y mi conclusión es... Que debía aprender a ser fuerte, dejar el miedo y las pretensiones, debía saber de que estaba hecha.
Le doy gracias a la vida por ponerme mil y un retos, y a ella le digo que me los siga colocando para hacerme más fuerte y voraz.