Las palabras dichas,
En ocasiones son un bálsamo,
A veces duelen como aguijones,
Y no hay marcha atrás.
Ya se dijeron,
Ya se escucharon,
Ya insuflaron esperanzas,
Ya destrozaron los sueños.
Tanto la vida,
Como la muerte,
Están en ese musculo sin hueso,
Que algunos llaman lengua.
Por eso a quienes,
Hacen uso del silencio,
Para no herir,
Pero tampoco inspiran.
Tanto su uso,
Como su mal uso,
Pueden apagar la llama,
O encender la chispa,
De un corazón,
De una vida.