Hoy, con suma amabilidad, un hombre que permanece sentado rayando unas revistas, me ha pedido que le regale un pan. Estoy entrando a la panadería y asumo que es el procedimiento que está haciendo con todos para obtener alimento. No puedo evitar observarlo de vez en cuando y noto que mira a cada una de las personas que van saliendo, nadie le da nada, pero él no cambia el semblante. Se ve tranquilo, entretenido en la escritura que hace.
No pude evitar recordar a Aquiles Nazoa y su poema Hombre y Pan. La cola se hace lenta, el punto de débito también lo está y la modorra general se va haciendo cada vez más contagiosa. Algunos mantienen el mismo tema de conversación recurrente que podemos escuchar en cualquier lugar donde nos detengamos unos minutos.
No le dije al hombre que yo también compro los panes pensando en mis comensales, así que me entretengo sacando cuentas, el suma y resta de todos los días, donde si es verdad que cero mata a cero. ¿Qué tanto podrá escribir alguien que espera, será capaz la escritura de salvar el cerebro, puede llenar de vida o esperanza a quién la usa? Mi hija que me acompaña en el plantón obligado me saca de mis cavilaciones y me comenta la incomodidad de tener que esperar.
La diferencia con el poema de Nazoa es que este hombre aún no tiene el pan, la gente va saliendo, la mayoría hombres, pasan de largo. Me imagino también haciendo lo mismo y la anticipación de ese acto me hace sentir incómoda. El hambre es una calamidad horrenda, haciendo pasar hambre a los animales pueden lograr lo que ellos quieran, es un proceso de adiestramiento insoportable. ¿Qué será lo que quieren que uno aprenda?
Compré una bolsa con diez panes de perro caliente; la abrí antes de salir, saque uno y se lo di al hombre sentado en el quicio, quien agradecido se empeñó en regalarme la revista, fue más la insistencia para dar que la que usó para pedir. La tomé y entonces sacó otras de su pequeño morral, que me negué a aceptar.
Era una revista de comidas, recetas de cómo hacer muchos tipos de tortillas. El hombre había escrito en todas las páginas, en los márgenes y en medio de las hojas. Todo lo que podía leerse una y otra vez eran sus dos nombres y apellidos escritos con grandes letras mayúsculas.
Escribe aunque sea tu nombre, pero escribe.
Aquí pueden escuchar en la voz de Aquiles Nazoa, Hombre y Pan. https://soundcloud.com/ernesto-cazal/aquiles-nazoa-hombre-y-pan
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