Romualdo Oldonzo es invitado a una entrevista. Él es arquitecto responsable de una cantidad de proyectos urbanísticos del lugar donde habita, además está llevando a cabo una iniciativa personal, que tiene que ver con casas hechas según el clima del lugar, un propósito que se le sembró mientras estudiaba en el liceo y escuchó a una profesora criticar el hecho de que todas las casas tuviesen el mismo diseño en cualquier región del país. Ese día Romualdo decidió cuál sería su profesión.
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La entrevistadora: una joven modelo que hizo un curso de locución, y consiguió trabajo en una emisora radial; cada semana cuenta con un invitado distinto al cual somete a un interrogatorio rutinario, aprendido en otras radios y programas televisivos; le espeta al primer momento: “Aquí vinimos a ser honestos”, él ya sabe por dónde va el asunto y enrojece pero le dice: “la honestidad es mi marca personal”, ah, “entonces vamos a estar muy bien” le dice con sonrisa pícara.
―Cuéntame, Romualdo, ¿estás casado?
―Bueno, no he tenido tiempo de tener novia, me he mantenido muy ocupado con mi proyecto…
― ¡Ay, qué malo!, entonces estás disponible
― Realmente no me he planteado un compromiso porque he dado más importancia a mis estudios…
― ¡Ah no! Tampoco hay que ser tan serio, no todo en la vida es estudio y trabajo.
― Lo que pasa es que tengo un proyecto personal que he estado llevando a cabo y me gustaría…
― A ver dime, ¿qué te gustaría?
― Me gustaría recibir apoyo gubernamental para poner en práctica otras iniciativas que van a ser muy útiles para este estado porque se trata de construir casas con criterios ecológicos que tomen en cuenta las condiciones climáticas de la región…
― ¡Qué bien, Romualdo, las casas! Es muy importante esto porque allí se tienen los mejores momentos, entonces ya debes estar pensando en alguien con quien pasar buenos ratos allí.
― ¡Ejem!, Bueno, realmente estoy pensando en viviendas que den un bienestar social…
― Mira, mira, pero vamos a ir más directo al grano, dijimos que íbamos a ser honestos. ¿Qué tal eres en la cama?
― Soy muy bueno tendiéndola y evitando que se me pierda el control del televisor, porque puedo ser algo despistado en cosas cotidianas. A mí, realmente me interesaría hablar de…
― (Risas) No tienes por qué ser tan serio, Romualdo, háblame de una posición que te guste.
― Me gustaría ser centro delantero en fútbol o lanzador en un equipo de béisbol, porque casi siempre son los protagonistas de lo que hace.
― (Risas) No gano una contigo, Romualdo, ¿no te han dicho que estás buenote?
― Y quiero seguir estándolo y haciendo buenos trabajos porque de eso depende que este país surja y eche adelante.
Esto es un ejemplo de chabacanería y mal gusto, de los tantos que solemos ver o escuchar y que hacen pensar en seres que tienen problemas con su propia sexualidad y necesitan escarbar en otros terrenos.
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