Cuando escapes de la vida...
Cuando el Alba se puso esta mañana le observé. En él seguían dibujándose los viejos temores, los tenues amores que se van desintegrando ante el inevitable paso del tiempo. Los rayos de sol me consolaban, le daban brillo a mi camino, me animaban, logrando así desorientar el rumbo tormentoso de mis pensamientos. Hoy crece la nueva semilla de mi destino. Se alimenta de viejas heridas, de viejos tormentos, de viejos tal vez que nunca fueron; pero lo más importante: Se alimenta de amor por cada uno de esos eventos.
Algunas veces hay que abandonar. Eso no significa negación sino continuidad: Abandonar el viejo flujo de energía para prosperar en los alegres caminos que el futuro empieza a pintar, siendo el único artista el pensamiento y la actitud que predispone a las futuras vivencias.
Eres el universo que lleves dentro
Observo el doblez que se muestra en las viejas cartas que han sido escritas. Las sensaciones allí descritas se borran de forma más veloz que la tinta; o diría yo más bien que se transmutan: convirtiéndose en amor, gratitud y un poco de consuelo para los tiempos presentes. Me conseguí de frente en el espejo y no reconocía el rostro del día anterior. Para mí los tiempos siempre van para bien, y la esencia de la vida es siempre ganar aunque se deba “perder” algunas cosas en el camino. Hace un tiempo recorría cada una de las páginas que me llenaron de agonía, en la decadencia de la estabilidad, la salud, y sobre todo, la esperanza. Me perdí entre aquel vacío que jamás el ser humano debería pisar; pero lo pisé, y esa debía ser la última vez que lo haría.
Fluir, fluir, fluir...
“La enfermedad libra del sufrimiento con la muerte o nos hace más consciente de la vida al sanar. ¿Cómo podría ser mala entonces?”.
En una de las tantas pláticas con uno de esos ángeles cruzados en mi destino, surgieron de sus dedos esas palabras. Aquella vez las reconocí con temor, con negación, con algo de rencor. ¿Cómo podría traer la enfermedad algo bueno a la vida? Años después, quizás un poco más enfermo que en aquellos días, siento que han sido las palabras más acertadas que he podido reconocer, y más que sólo la enfermedad, la dificultad en general. Cuando en los tiempos de tragedia escucho a los demás afligirse entre la ingratitud de una banalidad, extrapolo tal ingratitud a la carencia de alguien más y agradezco, porque tengo la bendición de al menos poderme sostener entre los días. Las dificultades sacan a flote el mejor o el peor lado del ser humano; pero siempre, incluso si es segundos antes del último suspiro, han de sacar el lado más brillante del corazón.
“Cuando escapes de la vida, mirarás por un segundo la ironía de los hechos y suspirarás, por todos aquellos latidos que se decidieron olvidar”.
Esta es mi entrada para el concurso de . Si quieres saber sobre las bases del concurso puedes seguirlo en la siguiente publicación Está muy entretenido la verdad.
Gracias a todos por leer.
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