Estos son fragmentos de mi presente. Todos y cada uno me han hecho parte de lo que soy, tanto los descritos aquí como los que no.
Divagando: Ya no tengo espacio para la tristeza; y sin embargo, llegas con esos ojos tristes y sonrisa dibujada, como princesa encantada de historia acabada, sólo que éstas acostumbran a llevar felicidad a sus finales; ¿dónde se escondió tu pedacito de alegría cuando las páginas se desgastaron para ti?
Volviendo: No hay cabida para la nostalgia; y sin embargo, suspiro. Eres un retrato de mi más preciada artista: La imaginación. Mis letras se desvirtúan constantemente y el instante en el que dejo que la punta blanca inversa a mi grafito recorra las palabras que en la delineada superficie fui dejando, volví a perder la idea; del mismo modo, te pierdo nuevamente a ti, o sólo un poco más.
Recopilando: Y es que pierdo en cada día un poquito más de ti. No quedo vacío, por supuesto, encuentro en cada pérdida un pedacito más de mí. Ambos ahora convivimos de forma perfecta; no como complemento ni como necesidad, sólo como acompañantes. Eso mismo, el trámite fugaz en estos cuerpos terrenales. No nos distancian las calles, los horarios o los sentimientos. Cuando vi esos ojos tan castaños y tiernos supe que estabas antes de conocerte y serás hasta el después de la muerte, y no hay espacio temporal ni circunstancia que borre estas palabras, aquí cuando en mis brazos te encuentras y allá donde tus besos se pierden, en ambos lugares practico el amor y el desapego.
Y de ese modo, empieza todo a fluir...
Poesía: Eres tú. No debo hablar de tus ojos castaños, ni de tus suaves manos, ni de tus caderas, pestañas ni piernas. Para qué nombrar entonces el constante jugueteo del viento y tu cabellera, o el frágil suspiro que concluye a tu hablar. Nada de eso eres tú. ¿Quién eres tú entonces? Poesía, por supuesto. Mañana tal vez se encuentren tus pestañas más alzadas, tus ojos decaídos o tu cintura más ancha. Quizás tu piel morena se encuentre más oscura, quizás más clara. Quizás incluso tus palabras se disparen con ternura o acaricien con tristeza, ¿quién serías entonces? Mi poema favorito. Estos ojos me pintan a diario una ilusión distinta, observo los fragmentos de la materia más brillante o más opacas, y no son tus ojos sino tu mirada la que permanece intrínseca entre los constantes cambios de mi universo. Allí brilla tu alma, allí brilla tu ser, de quien tal vez me enamoré incluso en vidas pasadas.
Fluir: Y ahora fluyes, como un suspiro. Dios se encuentra en todos los suspiros del universo; tú te encuentras a veces en los míos. Así fui dejando todo salir y transmutarse en amor, también con versos y canciones. Sigues siendo poesía, eso es parte de la aceptación: Observar la belleza de los eventos desde un presente sin nostalgia; y por eso, para mí siempre serás un hermoso poema, aunque las páginas queden sólo almacenadas entre los anaqueles de mis recuerdos. Ahora fluyo sin prisa, y tú fluirás con la misma sonrisa de la que alguna vez me enamoré, cuando encuentres a ese alguien que existe dentro de ti y escuches el susurro de tu propia alma.
No hay mejor poema que la vida ni mayor gratitud que los recuerdos. Gracias a todos por leer.
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