Uno puede pensar la vida, como un estar adelantando algo constante. Y puede ser que de eso se trate, la vida en sí, de ir hacía adelante, porque nunca hay forma de volver atrás. Como dice una canción de Jarabe de Palo, es adelantar, nuestro ritmo, con o sin mochila, solos o acompañados.
Durante miles de años, los humanos se han preguntado por el fin, el objetivo de la vida. La vida como camino, supone una dirección, un motivo. "La meta de toda la vida, es la muerte" dice freud.
Bien, si es así, si todo lo viviente tiende a la muerte, ¿para qué vivimos? ¿por qué vivimos?
Claramente no tenemos las respuestas a todo, pues probablemente no todo tenga que tener una respuesta única, pero una cosa podemos creer, y si observamos a nuestro alrededor, podremos dar cuenta de que vivimos para nosotros mismos. Porque al fin y al cabo, somos los únicos responsables de nuestra propia vida. Nosotros mismos somos los que decidimos si amar más a alguien, (o algo), que a nosotros mismos. Si nos enfermamos o curamos. Si nos cuidamos o nos olvidamos de nosotros mismos Si tomamos el control, o lo entregamos todo.
Lleva tiempo entenderlo, y ponerlo en práctica, otro tanto. Pero si lo repetimos todos los días, quizás nos convenzamos a nosotros mismos y empecemos a mirar al mundo desde otra perspectiva.
>Elizabet Gilbert, en su bestseller "Comer, Rezar, Amar": "para el hombre hallar el equilibrio que necesita, debe estar parado sobre la tierra como si tuviera cuatro piernas, así podrá permanecer en el mundo. pero además, debe aprender a mirar al mundo con el corazón, y así podrá conocer a Dios".
No se trata de religión, o quizás sí, y sea el único punto en común de todas las religiones, punto en el que cada una, a su manera, identifica a Dios con el AMOR . Podemos pensar hasta que es la energía que nos rodea y nos conecta con lo viviente.
Si nuestra meta, al final es morir, ¿qué sentido tiene la vida? Y es que tal vez, sea justamente ese, sentido de la vida; vivir. Vivir es ser feliz, no padeces. La felicidad no es un estado, es una construcción de momentos, de vivencias, de lazos. Y como es una construcción, se hace de a poco, paso a paso, en el día a día.
Cuesta muchísimo, y poder expresarlo es simplemente un paso en el largo camino a la sanación del alma, para ser más felices, para poder brindar un amor más sano al otro, más real.
Porque al final, si la meta es la muerte, el sentido de la vida, es subjetivo, se lo damos nosotros, y no puede ser otro más que ser felices, pues nadie desea su propia infelicidad, aunque goce con ella.
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