Y ahora, al encontrarme en este un lugar lleno de tentaciones se, estoy segura, que la sangre correrá y me va a gustar.
Me va a gustar esperar pacientemente la llegada del mantuano en su lujoso carruaje de briosos corceles, levantando la polvoreda del camino que hace notar su presencia tintineando sus monedas de oro reluciente en las oscuras noches de vicios y placeres.
Las mujeres lo miran y se relamen de codicia, se pelean hasta causarse serias heridas, todo para tener el privilegio de acostarse con aquel blanco que presume su riqueza y poder. A mi también me va a gustar darle placer y nublarle la mente con artilugios y hechizos que he aprendido de chamanes y brujos, y así sacarle unas cuantas monedas que celosamente guardare en un sitio bien escondido cerca del río. Me va a gustar lo que he planeado para el.
Atrapada en los calabozos del tiempo, sin la menor idea de como salir de este laberinto, vivo como una paria en las orillas del burdel. Por momentos me asaltan terribles pensamientos de venganza y odio que me carcomen el alma y debilitan mi cuerpo. Sola, sin la compañía y la protección de mi ángel esclavo, divago sobre mi futuro y veo que no hay nada en él.
Creí, ¡oh ilusa! que el amor al fin tocaba las puertas de mi alma en la figura de aquel esclavo llamado Cirilo, pero el destino me ha jugado y seguirá jugando conmigo, y esa anhelada libertad es solo un sueño muy lejano que se pierde en las trampas de mi memoria, convirtiendo las noches en espantosos presagios que como latigos ardientes hieren mi alma. No puede apartar de mi las apariciones de Cirilo, susurrándome palabras de amor y esperanza de una vida mejor. Pero ese sueño se convierte rápidamente en pesadilla donde su cabeza vuela en mil pedazos al estrellarse contra aquellas rocas chorreando fluidos que salen a borbotones de lo que antes era su amado rostro cuyos ojos me miran desde el mas allá. El sonido de su cráneo estallando por la violencia del golpe me despiertan causándome un dolor tan agudo que apenas si puede respirar.
Así paso mis días. Y una mañana, mientras me deslizo hasta el cuartucho donde duerme el mantuano tras una noche de derroche y lujuria, soy sorprendida por la matrona que tomándome por los cabellos me arrastra hasta el patio y me propina tal bofetón que trastabillo cayendo aparatosamente en el piso. Su rostro esta transfigurado que temo por mi vida, trato de escapar pero me lo impide un fornido negro.
¡Si quieres quedarte, me grita fuera de sí, limpiaras las letrinas y vaciaras los orinales, nada de tomarte licencias con los clientes negra apestosa! Me mira de arriba abajo con tanto asco que me estremezco.
Este cuento es de mi autoría: .
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