Hola mis queridos amigos, hoy les contaré mi transformación, de niño a puerco espín y de puerco espín a zombie. Mi infancia fue muy feliz, crecí en un pueblo andino llamado Sanare, al sur del estado Lara, Venezuela, un lugar con paisajes maravillosos, y gente muy cordial. Entre juegos autóctonos fuí creciendo y disfrutando de la pelotica de goma, el trompo, las metras, el sum sum, papagayos y muchos más, jugabamos futbol y beisbol, en un campo lleno de piedras, de verdad no sé como sobrevivimos. No habia celulares, juegos de videos y para ver televisión era un verdadero problema, solo existían 2 canales y debias mover una antena de un lado a otro hasta conseguir la señal, pero a pesar de todo ésto eramos realmente felices.
Para la época de Diciembre, haciamos guerra de fosforito, competencias en patines de cuatro ruedas y mi preferida, las competencias de carritos de rolineras ¡uff lo mejor! para los que no sepan, éstos carritos eran diseñados por nosotros y consistía en un tablón de 1,50 metros aproximadamente, con dos listones de maderas atravesados, donde se colocaban 4 rolineras bien aceitadas, con aceite 3 en 1, el listón de atrás se fijaba bien y figuraba las ruedas traseras y el de adelante se atornillaba en el centro, para que tuviese movimiento y con cordel o mecate fuera el volante, los frenos ¡ay los frenos! Eran nuestros zapatos, talones o en el mejor de los casos un pedazo de goma.
La competencia consistía en lanzarse por una bajada pronunciada, en el carrito diseñado por ti; se lanzaban dos personas el piloto y el copiloto, el segundo el encargado de empujarte bien fuerte, para desarrolar mayor velocidad.

Uno de esos días estábamos compitiendo mi primo y yo, en el CALIMOVIL, llamado así en honor a mi cara de sueño, luego de varias pruebas empezamos la competencia, mi primo el copiloto, me empuja muy fuerte y nos lanzamos por esa bajada, desarrollando una velocidad increible, punteamos la competencia y justo unos metros antes de llegar a la meta, se nos salio una rolinera delantera, se trabó el listón de madera y volé como a 3 metros de altura, aterrizando en un arbol de tunas (mata de uveda), al caer allí se me enterraron un sinfín de espías en mi espalda, mis amigos me levantaron y me llevaron corriendo a mi casa, al llegar y mi abuela ver esto, saco una correa y me dio como 10 correazos enterrandome mas las espinas.
No bastando con esto, mi abuelo de 78 años, me acostó en la cama y con un corta uñas empezó a sacarme espina por espina, además untando alcohol absoluto y mentheolate, para que no se me infectaran las heridas, un verdadero acto carnicero.Y así fue como me convertí de niño a puerco espín y de puerco espín a zombie.
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