Cada uno de nosotros tiene su manera particular de celebrar un éxito. No solo en el deporte, sino en cualquier aspecto de la vida, cuando logramos el objetivo deseado saltamos, gritamos, abrazamos al ser más próximo, levantamos los brazos, apretamos los puños, lloramos, algunos ni se inmutan pero por dentro tienen una fiesta. Es un sentimiento fenomenal que no se puede describir, eso sale solo, es espontaneo y natural que explotemos de alegría.
Saludos mis steemados amigos, hay un programa de televisión de los amigos colombianos trasmitido por el canal caracol, llamado el desafío. Es un reality que mezcla la convivencia de un grupo de personas y distintas competencias deportivas entre ellos. Anoche hubo un pique muy interesante entre tres sujetos, un campeón nacional de pesas, otro chamo con bastante capacidad atlética, y por ultimo un militar retirado, un hombre mayor de 40 años. La prueba requería de mucha fuerza y resistencia física. Como dice un refrán,
"De corazón voy con el cuarentón pero los reales los pongo con el pesista."
Poniendo lado a lado a los tres participantes ni soñando le apostarías al señor militar. Pero fue el que ganó, con gran ventaja y mucha inteligencia.
Su celebración no fue para menos, agradeciendo a su familia, a su carrera, a sus amigos, a sus compañeros de equipo, a Dios.
Esto me hizo pensar en las veces que he visto personas celebrar y lo increíble que se ve, no importa si en esa competencia no le voy a ese personaje.
Ver a una persona celebrar por lograr un grado académico demuestra el esfuerzo que hizo a través de los años, los sacrificios que tuvo que pasar, las cosas que tuvo que poner de lado para hacer prioritaria sus ganas de formarse académicamente. Muchos hemos llorado en un acto académico.
También está la celebración por tener ese hijo buscado por años. Conocer la noticia de estar en espera y ver a su hijo el día del nacimiento provoca la mejor de las celebraciones. El famoso habano, el traguito de whiskey.
Deportivamente he vivido algunos triunfos, unos más celebrados que otros. Por la importancia de la competencia, por la exigencia del juego o por el protagonismo propio. Académicamente logré una meta, ser un profesional, y no para cambiarme el nombre por el título, no. Eso me resbala. Cuando me presento soy Francisco Cróquer.
Aquella persona que le gusta o exige, que le llamen por su grado académico es un mediocre, el titulo no hace a la persona.
Hace un par de años atrás, estando en una competencia softbolistica de unos juegos gremiales, nos enfrentamos a un equipo de otro estado, con un plantel muy superior al nuestro. Eso en el papel. Primero jugamos en su ciudad sede, con todas sus condiciones, cambiaron el tipo de lanzamiento, el tipo de bates y cualquier condición que los favoreciera. Jugamos en un estadio donde supuestamente conocían muy bien y conectaban largos jonrones, nosotros hicimos el trabajo de hormiguitas, los batazos estuvieron de nuestro lado, los jonrones fueron nuestros.
Fue un juego muy abierto de parte nuestra. A pesar de esto, hicieron una tramoya para que jugáramos otro juego, una supuesta final. El juego se disputó en otra ciudad, en otra sede, pero de ellos mismo. Hubo mucha tensión porque llegaron con nuevos jugadores, como se dice en el coloquio, se vinieron trabuqueados, aplicaron Las mismas condiciones, los mismos cambios, distinto resultado. Si, distinto resultado porque esta vez hubo más batazos, más jonrones y más carreras de nuestro lado, les ganamos más feo. Ya estábamos preparados para eso. Esto genero una celebración como si hubiésemos ganado la serie mundial de grandes ligas, celebramos como niños.
El celebrar no es menospreciar al oponente, es descargar esa energía que pusiste para ganarle a Goliat. No es igual celebrar un triunfo sufrió que burlarse del contrario, la expresión corporal te delata y si es celebración se ve bien, si es burla, tú serás la burla.
Pasen un buen día. Gracias por leer siempre y seguir mis publicaciones. Celebra la vida que sola hay una.
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