Recorro el camino del sol moribundo
a través del crepúsculo
para el encuentro con un cielo lívido
y sin aire para respirar.
–
Contemplo los dos nuevos colores:
el del cielo ahora con puertas cerradas
que parece obsidiana sobre mi cabeza…
Y en mi pies, el de la arena argenta
esparcida hasta el fin del horizonte.
–
Los sellos de este mundo son
el silencio perfecto y el vacío infinito.
Me observa la cuna terrestre desde la distancia.
Y ahora tu presencia aquí
es exactamente como la vida y la muerte
al mismo tiempo
en un instante perpetúo.
–
La luz es cálida y ciega mis ojos,
la luz me abraza y se materializa
en tus brazos y pecho
como una cama de manto de luna.
–
El abrazo
como el de Selena y Endemión,
solo se interrumpe cuando el Sol
resucita logrando que el placer de la noche huya
mientras el súbito despertar me hace mirar a aquello
como a una imagen distante perdida en el firmamento
a incontables años de mí.
–
Me hallo otra vez atrapado
en la cuna terrestre;
el encierro de Gaia, tan triste y quedo
con la promesa de que todo esto será borrado
cuando volvamos a vernos… querida mía.
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