«¡Corre!»
Fue lo último que escuché decir. El cielo, la tierra, el aire, todo se volvió tenso y en un instante quedamos cubiertos por una gran oscuridad.
Vi como frente a mí Delia era decapitada por aquel ser de carácter sombrío, su sangre brotaba y se esparcía por el pavimento de la plazoleta dejando un escenario muy tétrico en aquel lugar. Tenía miedo, por primera vez podía sentir como el sudor escurría mi frente y mis músculos se tensaban, mi mentora había sido asesinada dejando un cuerpo dividido de lo que antes fue.
Mi mente se desvaneció, caí al suelo perdiendo cada uno de mis sentidos, quería correr pero ya era tarde, pensé en mi inmensurable muerte mientras aquel demonio se acercaba ante mi, memoricé su figura, recordando para siempre a quien se llevó lo más preciado para mí.
Ser creciente.
«¿Qué hacían exactamente allí?»
El oficial parecía completamente perturbado por mi historia, quizás para él era imposible creer semejante aberración pero para mí había constituido algo completamente real. Tan solo 48 horas despues la policia habia encontrado mi cuerpo en un alto estado de deshidratación dentro de las inmediaciones de la vieja mansión. ¿Había sido un sueño? No, Delia fue encontrada decapitada por los oficiales en el mismo lugar, aquella cosa existía realmente.
«Volveremos mañana señor Marshall...»
Las puertas de la sala de hospital se cerraron y nuevamente me encontraba solo en la habitación, sentía el cuerpo adolorido y había algunas heridas poco profundas en mi abdomen. Pensé en Delia, en su sonrisa y su atrevimiento a la hora de buscar una aventura, ¿qué hubiese pasado si no nos hubiéramos adentrado en aquel lugar? ¿seguiría viva? De cualquier forma ahora estaba muerta y yo no podía parar de llorar ante aquella noticia.
«er... gillum.... rari...»
Abrí los ojos rápidamente, observe a mi alrededor ¿de dónde venían aquellas palabras? Estaba solo en la habitación, ¿en qué momento me había dormido? De cualquier forma el reloj de la pared marcaba las 3:00 am.
«pe... segi.... liber...»
El sonido se escuchaba cada vez más cerca, proveniente del pasillo exterior a la habitación, acompañado con un sonido metálico un tanto espeluznante. Aquella sensación de pánico volvió a mi cuerpo y pude sentir la tensión en el ambiente, ¿había venido por mi? Imposible, según los escritos de aquella mansión esa cosa estaba confinada a una eternidad en aquel lugar.
«¡¿Quién anda allí?!» Grité, nadie respondió.
El ruido metálico se hacía cada vez más cercano, más frío y más agudo. La presión crecía y yo era incapaz de moverme de la cama, me sentia muy debil para ello.
«per sigillum liberari...»
La voz comenzaba a hacerse mucho más fuerte, el idioma aunque primitivo parecía ser latin. Mostrándose ante mis oídos en un tono grave y acústico. Repitiendo la misma frase una y otra vez. No podía seguir allí, debía levantarme como sea.
Apreté la baranda con fuerza y realice varios intentos, en vano, por levantarme de la cama. Sentía el cuerpo muy cansado y pesado, el dolor en mi abdomen era punzante, los recuerdos de la muerte de Delia volvían a mi cabeza y sentía crecer aquel miedo, sentía a aquella criatura acechando, esperando destrozar mi cuerpo como destrozo el de mi querida Delia. No temía a la muerte, no temía a reunirme con ella, pero si en tal caso eso iba a ocurrir esta noche, no me iría sin al menos luchar, sin al menos intentar vengarme de aquel demonio paranormal.
«liberari...» Una sombra pasó justo por la puerta y pude escuchar claramente la voz grave rebotar por la habitación.
Mi cuerpo entró en tensión como una reacción natural al miedo, intente concentrarme, intente recordar los ejercicios de enfoque que realizamos en las distintas conferencias auricas y metafísicas. Lo que sea que estaba allí no podía arroparme con su energía.
Me acerqué a la puerta y observe el pomo un largo rato. Esperaba con el brazo estirado intentando decidir qué hacer, la sombra continuaba al otro lado, inmóvil, taciturna. Debía hacer algo.
«¿Por qué la mataste?» Fue lo único que alcancé a decir.
Las luces se apagaron, escuché muchos pasos corriendo lejos de la puerta, golpeando aquello que encontraban en su camino y desapareciendo como un sonido pasajero, al volver las luces un segundo después, abrí la puerta y miré al pasillo. Nada. Lo que sea que estaba allí había desaparecido.
Respire profundamente y lentamente volví a la cama. Sentí un alivio repentino al no encontrar nada, no estaba preparado psicológicamente para enfrentar a aquel demonio una vez más. Quizas debia dormir. Tome las sabanas, acomode la almohada y cerré los ojos dejándome caer en la cama.
«¡PER>«¡PER SIGILLUM LIBERARI!»
Las luces parpadearon, un estruendo volcó la cama, abrí los ojos y mi cuerpo se congeló completamente del miedo. En la habitación, en el techo de aquellas paredes blancas, una criatura sonriente me observaba: cuencas vacías, cuerpo huesudo y una sed de sangre palpable se hizo presente. Ya no podría contemplar el sueño una vez más. Delia me esperaba en el portal.

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