“La cuerda cortada puede volver a anudarse, vuelve a aguantar, pero está cortada. Quizá volvamos a tropezar, pero allí donde me abandonaste no volverás a encontrarme”
Bertolt Brecht, dramaturgo alemán.
Y sólo queda el silencio de lo ya dicho
Miro la lluvia que cae,
la lluvia que cae a través
de mi ventana abierta.
La lluvia que salpica,
que moja,
que limpia.
Siento la lluvia que cae
y cierro los ojos.
El cuarto podría inundarse,
entonces, me ahogaría.
¿A quién le importaría?
Con tanta humedad habría que sacar tantos muebles
de la cabeza, la madera se enmohece.
La pintura se desconcha.
Primero se arruga,
textura débil que al roce se quiebra.
Entonces, pende
y luego cae.
Miro las gotas que resbalan sobre la pared,
Las gotas que destiñen el ladrillo
ennegrecido.
Gotas cloradas
que decoloran el universo gris.
Miro la lluvia que cae.
Entre sábanas, la recibo.
Se ha dicho tanto de esta tensa calma,
que ya nada más queda por decir.
Las palabras se agotaron
y sólo queda el silencio de lo ya dicho.
Él mira la lluvia que cae.
Él también la recibe.
De él se ha dicho tanto.
Una vieja costra recubre sus emociones,
una vieja costra rehúye la mirada.
Afuera, igual que adentro:
No hay nadie.
Mi ropa cayó al suelo.
La cama recibió mi cuerpo.
El cuarto comenzó a hacerse pequeño
tan estrecho y oscuro
como una sepultura.
Cierro los ojos e imagino:
cuerpos que caminan,
nombres inventados,
manos en los bolsillos,
bolsillos agujereados.
No hay a dónde ir.
La lluvia cae.
La lluvia que mira detrás de la ventana.
La lluvia que moja mi cuerpo, mi cuerpo dormido.
Entre las sábanas, no sé cuándo despertaré...
Ni para qué.
19/06/2019
Original escrito el 18 de julio de 2018
Las imágenes son de Pixabay CC0 Creative Commons
Flores en la lluvia
Lluvia en la ventana
Corazón roto
Lluvia oscura
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