Son innegables los avances en los estudios diagnósticos; además de la diversidad de tratamientos médicos y quirúrgicos. A pesar de ello, continúan registrándose nuevos casos de cáncer de boca, faringe y laringe. Todo lo cual nos lleva a pensar que definitivamente lo más importante es la educación y prevención; y por otro lado, que no hemos logrado que el mensaje llegue.
Es evidente como cada día, este consumo va ganando adeptos a más temprana edad. En Chile (2016), la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (EMTJ), concluyó que a pesar de las regulaciones, se continúa vendiendo cigarrillos a menores de edad, y que una vez que estos inician el hábito no muestran intención de abandonarlo; así también, es el sexo femenino es el más más reacio a modificar el consumo.
Las mucosas de la cavidad oral, faringe y laringe, son especialmente proclives a la aparición de lesiones tumorales. Las primeras por efecto del alimento, la masticación, mala higiene bucal y los irritantes que a menudo consumimos; sumados al hábito tabáquico, alcohólico y al uso de sustancias de abuso. La laringe por su parte, además de lo mencionado previamente es foco de la acción de los ácidos provenientes del esófago, estómago y del abuso vocal.
No podemos dejar de lado la predisposición genética, el estilo de vida y la acción de algunos virus como el VPH, VIH y Epstein Barr, los cuales también están relacionados con lesiones precursoras de cáncer en estas áreas. Sin embargo, en la publicación nos referiremos al hábito tabáquico como factor de riesgo.
En líneas generales, la variedad más común de cáncer en la cabeza y el cuello es el carcinoma epidermoide, la cual se registra hasta en un 90% de los casos; y si este no es manejado de forma precoz, lamentablemente generará metástasis y complicaciones que finalmente terminarán con la vida del paciente, por ello la prevención y la búsqueda de atención médica es vital.
Ramírez y colaboradores (2015) afirman que el hábito tabáquico, produce el 42% de las muertes por cáncer oral y faríngeo y que esta cifra se eleva en países, cuya población tiene mayor nivel adquisitivo. Es importante mencionar además el daño que produce ser fumador pasivo, es decir, aquella persona que no fuma pero es blanco constante del humo del cigarrillo, porque su pareja, amigos o los padres (en el caso de los niños) fuman frecuentemente.
Por ello, usted debe haber notado que cuando asiste a una consulta médica le preguntan si fuma, desde cuándo lo hace, cuántos cigarrillos o tabacos al día o si alguien muy cercano a usted fuma en su presencia; esto es debido a que de ser positivo también tiene riesgo de desarrollar un cáncer.
Según Gallegos-Hernández y otros, 2006
En el humo inspirado del tabaco existen más de 30 carcinógenos; los más importantes son los hidrocarburos aromáticos, policíclicos y las nitrosaminas.
Estos producen alteraciones del ADN y mutaciones que dan origen al desarrollo de cáncer. Asimismo la nicotina es altamente adictiva y por ello es tan difícil dejar de fumar. En tal sentido, se han desarrollado terapias de cesación tabáquica, para ayudar a las personas de forma gradual y controlada; de forma tal, que se evite la reincidencia. Otros métodos usados son los parches de nicotina, el cigarrillo electrónico, que han recibido tanto halagos como críticas.
El riesgo de desarrollar cáncer debido al consumo de tabaco y cigarrillos, varía de acuerdo al sexo, al tipo de tabaco que se fuma, a la cantidad de cajetillas/año y a la edad de inicio. Así, tenemos que es mayor en hombres que en mujeres, aunque en los últimos años la brecha que los diferencia ha tendido a acercarse, debido a los cambios en estilos de vida y a la emancipación de la mujer.
En cuanto a la edad, mientras más joven se comienza, la acción irritante es mayor. De igual forma, es más probable que se manifiesten los cambios histológicos en las mucosas, como metaplasia del epitelio que posteriormente evolucionarán al carcinoma epidermoide. En ese sentido, la bibliografía coincide en que la edad de aparición en el hombre es después de los 55 años y en las mujeres entre los 65 y 74 años. Asimismo, se ha relacionado el color del tabaco con intensidad de reacción de lesión sobre el tejido, por ejemplo, el tabaco más oscuro causa más daño que el más claro.
La cantidad de cigarrillos es importante, porque su número implica que la mucosa ha sido constantemente lesionada e incluso explica porqué una vez que el paciente ha dejado de fumar, puede desarrollar un cáncer o presentar un segundo tumor, si ya ha recibido tratamiento por un tumor primario.
Las áreas más sensibles para la localización de lesiones cancerígenas localizadas en cabeza y cuello son la lengua, los carrillos, los labios, piso de la boca, las glándulas salivales, las amígdalas, toda la laringe (especialmente la glotis). No solamente hace daño el humo inhalado, también lo hace el contacto con las mucosas, ejemplo de ellos son los que "mascan tabaco".
A continuación les muestro algunas imágenes de pacientes con cáncer de cavidad oral, orofaringe y laringe, quienes tenían hábito tabáquico de larga data:
Paciente femenino, de 70 años de edad, fumadora desde los 30 años; consulta por dificultad para tragar progresiva, disfonía y pérdida de peso.
Paciente masculino de 51 años, fumador desde los 20 años, consulta por amigdalitis a repetición y últimamente refería dolor contínuo y dificultad para tragar.
Paciente masculino, de 49 años, fumador desde los 12 años, quien consultó por disfonía de un año de evolución. Se realizó una videolaringoscopia, se planificó luego para biopsia y el resultado ya lo saben. A continuación el estudio videolaringoscopia de ese último paciente:
De manera que la prevención y educación siguen estando en la primera línea de acción para contrarrestar este problema de salud pública. Ello implica los esfuerzos de muchos países de disminuir el consumo de esta y otras sustancias tóxicas; toda vez que las personas que son fumadoras pasivas también pueden desarrollar tumores en cavidad oral, faringe y laringe. Los invito a tomar conciencia y a ser multiplicadores de la información.
Nota: En el segundo diseño se usó una imagen de Dominio Público Fuente.
Gallegos-Hernández, J. (2006). El Cáncer de Cabeza y Cuello. Factores de riesgo y prevención. Cirugía y Cirujanos. Pág: 287-293.
Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (EMTJ). (2016). Disponible en: https://www.minsal.cl/wp-content/uploads/2017/10/EMTJ2016_17_10_2017_VF.pdf.
Ramírez; V, Vásquez-Rosas; P, Ramírez-Eyraud; P. (2015). Mortalidad por cáncer oral y faríngeo en Chile, años 2002-2010. Revista Clínica de Periodoncia, Implantología y Rehabilitación Oral. Vol. 8. Pág: 133-138.
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