Cuanto daría para cambiar tus lágrimas por sonrisas
y calmar tu llanto y tu dolor.
Si fuera una sacerdotisa,
llenaría tus noches de color.
Me parte el corazón cada vez que escucho tu lamento,
porque desconozco los motivos de tal sufrimiento,
porque eres mi sangre, mi carne y mis huesos,
y esa angustia me quita el aliento.
Cuanto daría por descifrar este acertijo
y tener la respuesta para aliviarte, hijo mío.
esperando algún día y en algún momento,
encontrar la respuesta a esos sentimientos,
que más del cuerpo son del alma,
y que añoro descubrir para llenarte de calma.
En este barco sigo contigo,
con tu norte como mi destino,
con tu sonrisa iluminando mi camino
y el universo como fiel testigo.
contigo estaré,
hasta que se acabe mi vida,
batallaré
y hasta traducir este enigma,
no descansaré.
Te amo hijo con todo mi ser.