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Al referirnos al término cactácea seguramente pensamos en especies vegetales llenas de espinas y tallos crasos, viviendo en zonas áridas, como las que encontramos al norte del Edo. Lara, en Venezuela, con abundante luz solar y escasa disposición de agua, pero no todas plantas de la Familia Cactaceae viven en esas condiciones.
La flor de navidad, una cactácea de gran valor ornamental-
Un cactus terrestre, en su hábitat xerófito.
Existe un grupo de vegetales perteneciente a Subfamilia Cactoideae, que se han adaptado para crecer encima de otras plantas, o de cualquier estructura alejada del suelo, de modo que puedan tener acceso a las corrientes de aire, agua y luz solar, apropiadas para lograr su desarrollo estructural, sin necesidad de perjudicar a su hospedero, más allá del peso de la macolla formada, o del posible sofocamiento del área ocupada, descartando la posibilidad de que la planta epífita actúe como un parásito, que se aproveche de los nutriente de la planta que la sostiene.
Una cactácea epífita, creciendo sobre una maceta elevada.
Una cactácea epífita, del Género Epiphyllium creciendo colgante sobre una maceta.
Es conveniente recordar que la mayoría de los cactus, pertenecen a esta subfamilia Cactoideae, que incluye las especies terrestres y las epífitas, y todas han sido domesticadas por los seres humanos y luego cultivadas en macetas o directamente sobre el suelo, adaptadas a nuevas condiciones de vida, muy distintas a lo que era su anterior vida silvestre.
Veamos cómo llegaron los cactus epífitos a nuestros jardines y hogares:
Se estima que las cactáceas tienen unos 40 millones de años de evolución sobre el planeta tierra, y su desarrollo ocurrió exclusivamente en el continente americano, luego de la separación de este, de los otros continentes, tal como lo explican las teorías de la deriva continental y la tectónica de placas, permitiendo que diferentes especies evolucionaran de forma divergente, unas hacia las zonas xerófitas y otras hacia las regiones selváticas, logrando cada especie, adaptaciones morfológicas distintivas, respaldadas por su genoma.
Cactus lefaria (Cereus repandus), iniciando su desarrollo en un jardín ornamental.
Un cactus epífito, mostrando las variantes en sus hojas, producto de la divergencia adaptativa.
Al carecer de espinas, tallos crasos y vivir de forma silvestre, como epífitas en las selvas de centro y sur américa, estas cactáceas llamaron la atención de los hombres de la antigüedad, que las extrajeron de sus ambientes naturales y las sometieron a un proceso de domesticación, que desembocó en la adaptación de las cactáceas epífitas a nuevas condiciones de vida, en macetas colgantes, que las convirtieron en hermosas plantas ornamentales con las implicaciones ecológicas y económicas que esta nueva situación conlleva.
A nivel morfológico, las cactáceas epífitas evolucionaron para producir yemas germinativas y raíces adventicias, que pueden absorver nutrientes a partir de las partículas de polvo que conforman las masas de aire, que encuentran en las alturas, así como a aprovechar las masas de agua de la lluvia, la humedad atmosférica, los excrementos de insectos, aves y muchos otros animales presentes en su entorno y, sobre todo, regular la cantidad de luz solar que necesitan para realizar la función fotosintética, para procesar todos los nutrientes almacenados en sus órganos.
Es probable que lo que más llamó la atención de los seres humanos fueron las hermosas flores y frutos de las cactáceas epífitas, que se presentan en hermosos tonos blancos, amarillos y rojos, con variantes, producto de la mezcla de estos, con períodos de floración muy precisos y la extravagancia de hacerlo en horas nocturnas y con carácter efímero.
Dama de la noche (Género Epiphyllum)
Dama de la noche (Género Epiphyllum), en plena floración nocturna
Planta epífita del Género Schlumbergera.
Las hojas, ramas y tallos de las plantas epífitas de la Subfamilia Cactoideae, se adaptaron para convertirse en órganos suculentos, con mayor requerimiento de agua, que sus primas terrestres (cactus de tallos crasos), y no tuvieron necesidad de formar espinas, ya que la disposición de agua en los espacios selváticos donde vivían originalmente era suficiente, lo que se unía a la regulación de la insolación, tal como ocurre en los jardines de los seres humanos.
Hojas de una planta epífita del Género Epiphyllum
A nivel taxonómico, estas especies de cactáceas pertenecen al Reino Plantae, División Magnoliophyta, Clase Magnoliopsida, Orden Caryophyllales, Familia Cactaceae, Subfamilia Cactoideae, destacando las especies de la Tribu Rhipsalideae, Género Schlumbergera.
La flor de navidad, una cactácea, del Género Schlumbergera.
Otra especie muy llamativa corresponde a la Tribu Hylocereeae, Género Epiphyllum, Especie Epiphyllum oxypetalum.
La dama de la noche, del Género Epiphyllum.
Es probable que estos cactus epífitos pertenezcan a la Tribu Trichocereeae.
La belleza de estos cactus terrestres y epífitos, ha motivado a los jardineros a recrear excelentes arreglos ornamentales, en macetas de diversa índole, imprimiendo un valor extra a estas hermosas especies de cactáceas, que nos alegran la vida y nos acompañan desde mucho tiempo atrás.
Solo nos queda aprender a apreciarlas.
Bibliografía sugerida:
Cactus en el aire, cactus epifitos
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Cactoideae
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Cactaceae
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Ali Riera
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